68
UN AÑO A RELEER PARA EMPEZAR DE NUEVO
“Eso no
está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia, ni con vil soldado”.
Silvio Rodríguez
“Santiago de Chile”
El desvelo que provoca vivir en un presente - tanto global como local - distópico, en que aquel dilema de “socialismo o barbarie” dista de estarse resolviendo en favor del primer factor, ha estimulado a nuestra pasión cinéfila a preguntarse a qué antecedentes recurrir para imaginar el gran film - acto de nuestro tiempo, capaz, si no ya de aportar certezas, al menos de poner en común nuestras incertidumbres.
Y esa inquietud, alimentada por la reciente lectura del excelente y oportuno ensayo de Felipe Celesia titulado “La hora de los hornos. Arqueología de un país que ya no existe” (2025, Editorial Paidós), nos ha devuelto a hurgar en las ruinas de aquel país que alguna vez nos incendió de esperanza, sentimiento que, tanto en Argentina como en diversas latitudes, tuvo su más alta expresión durante el año 1968, momento en el que el escritor y periodista Rodolfo Walsh se hizo cargo del semanario de la combativa CGT de los Argentinos - escisión de la central obrera tradicional -, institución para la cual también aportó su arte el muralista Ricardo Carpani; comenzó a conocerse la fructífera tarea del grupo de teatro villero Octubre, liderado por el actor Norman Briski; tuvo lugar la muestra de artistas plásticos porteños y rosarinos denominada “Tucumán Arde”; se estableció la prolífica sociedad entre el gran poeta Juan Gelman y el Cuarteto Cedrón, y otras tantas manifestaciones de carácter contestatario. En resumidas cuentas, “un diminuto instante inmenso en el vivir” (Silvio Rodríguez), en el que los planetas se alinearon en favor de los pueblos.
La lectura de ese texto nos anotició acerca de la producción en paralelo (también entre 1966 y 68) de aquel film que algunos críticos consideraron El Acorazado Potemkin del cine nacional y una docu - ficción basada en la canónica obra del siquiatra antillano Franz Fanon, “Los condenados de la tierra” (1961), dirigida por el cineasta italiano Valentino Orsini y el filósofo italovenezolano Alberto Filippi, de la que solo conseguimos acceder a una media docena de fragmentos existentes en youtube, y sobre la que el investigador argentino Mariano Mestman publicó - en co autoría con el propio Filippi - un estudio homónimo, subtitulado “Un film entre Europa y el Tercer Mundo” (2022, Editorial Akal)
En esa cadena asociativa a que invita el entusiasmo, nos enteramos de que un grupo de cineastas militantes del PC italiano, por entonces el partido de izquierda más poderoso de Europa, (entre ellos Orsini y los hermanos Taviani, de cuya imperdible filmografía - sobre todo “La noche de San Lorenzo”, “Good Morning Babilonia”, y “Kaos” - nos estamos ocupando) contribuyeron grandemente con la post producción del citado film del Grupo Cine Liberación, en momentos en que la censura sostenida por un gobierno de facto tornó imposible encararla en nuestro país.
Y no solo eso, sino que aquel grupo peninsular contemporáneamente dividió esfuerzos rodando al mismo tiempo la ficción “Los subversivos” (1967, hermanos Taviani), protagonizada por el celebérrimo cantautor Lucio Dalla.
En la primera de aquellas producciones se asiste al hartazgo de un realizador - acaso alter ego de Orsini - que se impone reemplazar los discursos incendiarios propios de la época de la contestazione por el rodaje de un film agitativo y de neto contenido anticolonial, en sintonía con la preocupación de tantos cineastas europeos que, al calor de acontecimientos como el Mayo Francés, se lanzaron a hacer un cine de intervención (de 1966 data, por ejemplo, “Pajaritos y Pajarracos”, amarga fábula sobre la lucha de clases, de Pier Paolo Pasolini; en 1967 Joris Ivens, Chris Marker, William Klein, Alain Resnais, Agnés Varda, Claude Lelouch, y Jean-Luc Godard filmaron “Lejos de Viet Nam”; y durante ese mismo año Godard estrenó el alegato maoísta “La Chinoise”) Puesto en tal desafío, el cineasta de marras construye un set en forma de laberinto y, alternando con imágenes de archivo de la lucha antiimperialista en Guinea Bissau, recrea las torturas a que son sometidos los revolucionarios de la época bajo regímenes dictatoriales, apelando a algunos dispositivos retóricos similares a los utilizados casi simultáneamente por la dupla Solanas - Getino (intertítulos agitativos en tipografía blanca sobre fondo negro montados al ritmo de una percusión in crescendo, reconstrucción de fusilamientos sumarios, etc.)
En la segunda producción - accesible vía youtube en lengua original - se asiste a cuatro historias paralelas: la del fotógrafo insatisfecho con su rol de mero testigo de la realidad, interpretado por Dalla; la de otro realizador que tampoco halla respuesta a su dilema existencial rodando un film de época que aborda la vida de Leonardo Da Vinci (personaje al que Fedor Chaliapin Jr. aporta su potente fisic du rol); la de un revolucionario venezolano exilado en Italia que, arrastrado por los vientos de la historia y contrariando a algunos camaradas de armas prestos a desertar de la lucha, resuelve volver a su país para continuarla, único apunte alentador si se lo compara con los demás relatos, el cual - al igual que lo hizo Pasolini - deposita toda la fe de su realizadores en las posibilidades de cambio social impulsado desde el Sur Global; y la de un ejecutivo que descubre accidentalmente que su prometida está enamorada de otra mujer. Las cuatro historias confluirán en una excelente reconstrucción del sepelio del dirigente comunista Palmiro Togliatti - acontecimiento también evocado en el anteriormente citado film de Pasolini estelarizado por Totó y Ninetto Dávoli -, que marca un antes y un después en el sueño transformador de los italianos, al punto de que este film concluye con un montaje paralelo entre el descenso a la fosa del ataúd de Togliatti y la imagen de una mujer escribiendo frente a una ventana algo así como un diario íntimo, en el que puede leerse “Adiós Palmiro Togliatti, adiós a nuestra juventud”.
Recapitulando,
en lo que a nosotrxs respecta, aquellos fuegos propios de la época que evoca
esta nota - y a los que, como se ve, el Séptimo Arte no resultó indiferente -
han sido inmejorablemente analizados en el ensayo colectivo coordinado por
Mestman bajo el título de “Las rupturas del 68 en el cine de América Latina”
(2016, Akal / Inter Pares):
A esta altura de nuestra reseña, parece lícito tomar distancia del prolongado duelo que impuso a revolucionarios y ex partisanos italianos la partida de un referente como Togliatti, y poner las barbas en remojo para intentar preguntarnos si resulta tan iluso concebir una “Hora de los hornos” para el Siglo XXI.
Ante dilema tal, se nos ocurre concluir con la siguiente exhortación: ¡Prometeos del arte y la política, arrepentíos de cualquier cosa, menos de arrebatar el fuego a los dioses y repartirlo entre los mortales!











