viernes, 9 de enero de 2026

ALGUNOS ANTECEDENTES DEL CINE FANTÁSTICO

EN EL MUNDO HISPANOPARLANTE (Primera entrega)

Ya que a menudo sentimos nostalgia de los inolvidables Martes de Terror en el cine Coliseo Podestá de nuestra ciudad natal, donde pasamos momentos inolvidables en compañía de los monstruos sagrados de la Universal Pictures o sus versiones remozadas en Technicolor por la inefable factoría Hammer Films, así como del ciclo televisivo que cambió para siempre las siestas sabatinas de nuestra generación, Cine de Súper Acción, gracias al cual uno accedía a una verdadera caja de sorpresas que bien podía contener desde un western spaghetti hasta una joyita de Ray Harryhaussen, pasando por aquellos entrañables bodrios nipones en que un intérprete ignoto ataviado con un caluroso disfraz no más digno que el del dinosaurio Barney paseaba su humanidad haciendo estragos a lo largo de una ciudadela de madera terciada… hemos considerado prudente organizar algunas ideas que contribuyan a trascender el mero disfrute para poner en valor algunos méritos indiscutibles de ciertos títulos rodados en nuestra lengua de aquella inolvidable producción.

 

Periodista: _ ¿Qué película suya recomendaría a los críticos?

Cineasta: _ Ninguna. Para que no me retiren el saludo…

Entrevista con Amando de Ossorio, en el documental El Último Templario.-

 

SOBRE LA DEFINICIÓN DE FANTÁSTICO

La teoría de los géneros - clasificación heredada de la biología - le asigna al fantástico no menos de tres sub clasificaciones. A saber: El horror (campo sobre el que discurriera holgadamente Howard Phillips Lovecraft en su breve ensayo “El horror en la literatura”), la ciencia-ficción (ejemplificable recurriendo a los célebres nombres de Verne, Bradbury o Asimov), y el maravilloso (del cual la “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll suele ser un digno exponente) Algunos títulos que consideraremos a continuación se internan en un terreno no tan definido, y bautizado hace algún tiempo por la crítica como bizarro, que estaría en condiciones de agrupar transversalmente expresiones propias de cada una de las clasificaciones antes mencionadas.

 

SOBRE LA DEFINICIÓN DE BIZARRO

Poca claridad aporta al término en cuestión el Diccionario Sopena de la Lengua Castellana, con su definición de “valiente, gallardo, generoso”. Obviamente, aquí se trata de una acepción más vulgar, y atribuida más bien a “lo extraño”. Desde hace algunos años las nuevas generaciones vienen utilizando el término para agrupar en él a un cierto pastiche de manifestaciones prácticamente inclasificables.

Si el denominador común que se les ha venido atribuyendo es el de cierto tratamiento freak o anárquico, que - en el caso del cine - encontraría a uno de sus más altos exponentes en el realizador norteamericano Ed Wood (para muchos, considerado como el peor director de cine de la historia), ha llegado el momento de señalar ciertas diferencias.

En rigor de verdad, nunca nos satisfizo plenamente tal categorización, ya que - acaso con un criterio algo pasado de moda - venimos considerando que hay buen y mal cine, en todos los géneros. Y nos parece una clasificación algo antojadiza aquella que pretenda agrupar expresiones tan variopintas como el erotismo de vuelo bajo o el terror mediocre bajo un denominador común cuyos puntos de contacto - más allá de la existencia de algunas obras entrañables - no parecerían ser otros que la escasez de recursos materiales, la impericia técnica, o la falta de imaginación, condiciones  distantes de ser reunidas para dar a luz un nuevo género. No obstante, como el término en cuestión parece haberse impuesto sin mayores resistencias al menos en ciertos círculos mayoritariamente juveniles, allá vamos pues, con todo respeto por las obras a citar.

 

EL CINE FANTÁSTICO HISPANO DE LOS 60 y 70s:

CONTEXTO Y EMERGENTES DESTACABLES

Aquí se pretende poner el foco de atención en el período histórico consignado  arriba, y en tres enclaves específicos del mundo hispanoparlante, seleccionados considerando el impacto internacional de sus respectivas industrias culturales, con eje en la audiovisual: España, Méjico, y Argentina.

Aunque no constituya el principal factor de interés para potenciales lectores de esta nota, recordaremos que el mundo bipolar de entonces era el de la llamada Guerra Fría, y había sido diseñado en Yalta después de la última gran contienda bélica. En tal circunstancia, los tres países citados padecían algún tipo de censura, más estricta en España y Argentina (bajo el imperio del falangismo o las sucesivas dictaduras que azotaron nuestro país), y más morigerada en Méjico.

En el primero de los casos, y tal como lo refieren especialistas calificados en la materia como Narciso Ibañez Serrador, a partir de 1961, a instancias de Jesús Franco (con su Profesor Orloff), Paul Naschy (con su hombre lobo Valdemar Daninski) y el impagable Amando de Ossorio (con su tetralogía de Los Templarios) la cinematografía ibérica encuentra a través del cine fantástico un resquicio en materia de erotismo y violencia mediante el cual burlar algunas de las estrictas restricciones impuestas por el franquismo.

Como si fueran ingredientes imprescindibles del género, los jóvenes españoles de entonces acceden a sus primeros desnudos parciales y a las primeras imágenes gore (degollaciones, decapitaciones, mutilaciones) de la mano de estas producciones de clase B que no tardarán en hallar un nicho de mercado internacional específico, hasta convertirse algunas en verdaderos productos de culto merced a su impronta innovadora y trasgresora de los límites fijados por su bajísimo presupuesto, así como por calendarios de rodaje que a veces no se excedían de una a cinco semanas.

Como es sabido, Méjico es uno de los países de Nuestra América donde la conquista hispánica se enfrentó a un mayor grado de resistencia cultural, lo que hace que a la fecha se conserven tradiciones más sólidas que en otros enclaves más cosmopolitas del continente, como ocurre al menos en la capital de nuestro país.

El antiguo apego a las contiendas de lucha libre, por ejemplo, llevó del ring a la pantalla grande a un ídolo de multitudes como Santo, El Enmascarado de Plata, que - aun post mortem - goza de la condición de mito indiscutido de las grandes mayorías aztecas. Rodolfo Guzmán Huerta (23 de septiembre de 1917 - 5 de febrero de 1984), tal su verdadero nombre, fue luchador y actor. Una verdadera leyenda de la lucha libre mexicana, quizá el más famoso de los luchadores en Latinoamérica. Su carrera en la lucha libre duró casi cuatro décadas, durante las cuales se convirtió en un héroe popular y un símbolo de la justicia para el hombre común ya que su personaje trascendió el ámbito de la lucha libre y se transformó en una especie de súper héroe al protagonizar historietas y películas, de hecho su popularidad y el mito provienen en gran medida de estos últimos medios y no de la lucha libre.

Dando una vuelta de tuerca al lugar común de los súper héroes norteamericanos, consistente en tener una doble identidad (de ciudadano común en la vida cotidiana y héroe en situaciones extremas), Santo siempre es uno y él mismo, en el ring y en la vida diaria, permanentemente enmascarado. Muchos de sus filmes comienzan y terminan en el cuadrilátero, ofreciendo alguna de sus lidias completa, y casi siempre rematan con la frase de algún personaje que, mientras el héroe se aleja de Cuba, Colombia, o Ecuador (algunos de los países que co produjeron su más de medio centenar de largometrajes) en avión rumbo a su Patria, recuerda que se trata de “un justiciero sin fronteras que debe preservar su identidad para moverse con libertad en su cruzada inclaudicable contra las fuerzas del mal”, eufemismo este de un enemigo que generalmente va de la mafia a los mitos tradicionales del horror como Drácula, Frankenstein, o el Hombre-Lobo (cabe destacar aquí la semejanza misional con otros héroes mediáticos que contemporáneamente han gozado de un enorme cariño popular, como ocurriera con El Capitán Piluso, encarnado en la TV, el cine y las historietas locales por el irreemplazable humorista argentino Alberto Olmedo)

Muchas de las hazañas del enmascarado azteca se verán secundadas por algún compañero en los avatares de la lucha libre, como Blue Demon, y habrá de exhibir en su transcurso grandes dotes de innovador tecnológico (cualidad que a veces remite a la bati-cueva del hombre-murciélago) Al igual que otras mitologías populares de nuestro continente - como la literatura de cordel del nordeste brasileño - han llegado a confrontar a ídolos como Roberto Carlos con el propio Lucifer, Santo no se cuestiona jamás porqué al cabo de una extenuante contienda le toca abandonar el estadio para hacer horas extras intentando frenar, por ejemplo, la venganza de una momia o una invasión extraterrestre. Esa es, al fin y al cabo, la lógica que lo ha hecho inmortal.

El período que estamos revisando encontró al cine nacional sin una gran tradición en el género fantástico (tal vez intentos aislados, como “El extraño caso del hombre y la bestia” de Mario Sóffici, “Obras Maestras del Terror” de Enrique Carreras, o “Invasión” de Hugo Santiago, por citar un puñado de ejemplos) En la segunda mitad de la década del 60 se destacó, sin embargo, la significativamente audaz apuesta de un realizador afecto a cultivar temáticas de lo más diversas: Emilio Vieyra. Criticado por algunos especialistas en virtud de profesar una ideología condescendiente con los gobiernos de facto, realizó un puñado de filmes que recién hoy se pueden ver completos, comprobando que contenían un erotismo explícito (desde desnudos totales masculinos y femeninos a masturbaciones con vibrador, pasando por actos de lesbianismo concretados sin el menor disimulo) al que por entonces no se atrevían ni las más calificadas películas del primer mundo. Obviamente, por entonces dichas escenas jamás pasaron por las pupilas  adolescentes que despertaban al sexo consumiendo revistas porno soft de contrabando en las cuales se borraba fotográficamente el pubis de las damas… como si fueran enteramente lisas. Títulos como "Extraña Invasión", "Placer sangriento", "La Venganza del Sexo", "La Bestia Desnuda" y "Sangre de Vírgenes" explican el gusto de Vieyra por el terror, el misterio y la ciencia-ficción, que el director combinó con elementos de una imaginación infrecuente, que a la larga ha contribuido a convertir a estas películas en obras de culto, tanto en la Argentina como en los Estados Unidos y Europa, donde varias de ellas son comercializadas en video y emitidas por TV.-

Continuará…

domingo, 4 de enero de 2026

RECOMENDACIONES

JAY KELLY

CON LA FAMA NO ALCANZA

“Si intentas seguir siendo el protagonista romántico a mi edad, es triste y no quiero resultar patético”.

George Clooney

 

En el film Cazador blanco, corazón negro (1990), el egregio Clint Eastwood encarna a un John Huston que, en una sobremesa celebrada durante el rodaje de La Reina Africana (1951), algo ebrio, intenta salvar el honor de un amigo judío insultado por un nazi, pero no consigue ni armar la guardia para boxear al agresor ni siquiera mantenerse en pie, y es vapuleado por ese rival hasta quedar inconsciente.

Con espíritu semejante, y fiel a su costumbre de no competir en pos de primicias, nuestro portal se mete a destiempo con el último film de Noah Baumbach, tan solo porque recibimos comentarios - supuestamente autorizados - acerca de que era una mierda. 

La trama sigue a un actor maduro de Hollywood que consagró su vida a la fama dejando de lado la dimensión personal y familiar de su existencia, a lo largo del periplo que media hacia un homenaje a su carrera organizado en la Toscana (Italia), durante el cual intentará sin suerte recuperar tanto el afecto de sus hijas como el de algún viejo amigo, los que se le irán escurriendo entre las manos en el marco de una fellinesca sarabanda que por momentos recuerda pasajes de La Dolce Vita (1960), como en la secuencia del viaje en tren de segunda clase, en que ese divo en las postrimerías de su carrera desciende del pedestal para departir con la gente de igual a igual.

Más allá de disfrutar siempre cualquier historia de cine dentro del cine, y apreciar tanto el sereno ritmo narrativo de esta como la prestancia otoñal de George Clooney, ingenuamente o porque se impone a una genuina cinefilia, nos conmovió - y recomendamos a todx interesadx en el arte dramático - la escena en que el protagonista pide a un ex compañero de cuarto en el conservatorio leer el menú de una confitería "con elección de emociones", o aquella en que comete el acto de arrojo (ajeno a su profesión) de perseguir a un ladrón para devolver su cartera a una anciana, o ese flash back alusivo al rodaje de su primera escena romántica con una estrellita deliciosa… que se pedorrea en plena toma.

Párrafo aparte merece la emotiva performance dramática de Adam Sandler, comediante que hemos evitado por todos los medios, y que aquí interpreta al único interlocutor cálido y consecuente del protagonista: su representante. 

Al igual que en los sucesivos desplantes que acumula el personaje encarnado por Woody Allen en Broadway Danny Rose (1984) - tal vez uno de sus mejores y más entrañables films -, en la única cita con otro actor (Patrick Wilson) a la que asiste Ron (Sandler), resulta despedido. Más tarde, quien lo da de baja intenta justificar tal decisión frente al protagonista, soltándole la frase “se sienten como de la familia pero se llevan el 15% de nuestro cachet”.

Historia de dos soledades interdependientes, al fin y al cabo, un film que hubiera emocionado a nuestros padres y abuelos.

Y con eso nos basta para recomendarlo enfáticamente.-

 

 

Buscálo en Netflix o descargá la aplicación U Torrent Web desde cualquier ordenador y, a continuación, los links que adjuntamos al pie de cada nota descargarán por default el film recomendado. Utilizando una metáfora didáctica, U Torrent Web será tu carrito de supermercado, y el link que te propongamos remitirá a la góndola del supermercado, donde hallarás el producto en cuestión para su descarga.

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domingo, 28 de diciembre de 2025

GENEALOGÍA DE NUESTRO SALÓN HINDÚ


Comulgamos con pochoclo

en la fila 20 de una capilla oscura y con acomodador

El contexto predominantemente escópico del Siglo XXI a menudo nos lleva a cuestionarnos si el imaginario con que contamos los humanos está condicionado por la alfabetización audiovisual que recibimos. La de la generación que administra este portal tuvo lugar en otro mundo, bipolar y moroso, donde una única señal televisiva estatal y acromática emitía dibujos animados del Pájaro Loco (Woody Woodpeker), series de Cisco Kid, y programas ómnibus que duraban casi todo el sábado; la sala oscura, en tanto, deslumbraba con un technicolor chillón que denunciaba cualquier superposición figura-fondo mediante disímiles niveles de nitidez… y simulaba dinosaurios filmando a un camaleón desde una aproximación extrema. No hay duda: Somos los últimos espectadores hipnotizados por Meliés que sobrevivimos en la era de las hermanas Wachovski.

Nos tocó en suerte soñar, aplaudir, escribir y filmar películas en un remoto punto del globo bendecido por una legendaria Escuela de Cine.

Los primeros indicios de lo que llegaría a ser una verdadera pasión se pusieron en evidencia al huir de las pruebas de matemáticas para refugiarnos en la biblioteca de nuestro colegio, donde recurrentemente solicitábamos los pesados volúmenes de la Historia del Cine de Román Gubern para entretenernos durante largas horas tapando los epígrafes de cada foto, y desafiándonos a deducir a qué filme correspondía cada una.

Pero el auténtico mentor de aquella vocación que habría de transformarse en profesión,  cimentada entre la Peña Foto Cine 8mm de La Plata y los sucesivos seminarios - Arte y Crítica Cinematográfica (1971), Problemática político-social en el cine (1972) - ofrecidos por la Comisión Arquidiocesana para los Medios de Comunicación Social del Arzobispado local, fue un hombrecito dulce y dotado de una enorme capacidad didáctica, que no sólo se constituyó en nuestro primer maestro de cine sino, a partir de dicho pretexto, en un poderoso referente ético.

Jamás tuvimos una charla privada con él. Pero lo vimos resplandecer durante varios domingos, a la misma hora en que muchos dejaban disolver una ostia sobre sus lenguas, ya que no profesamos otro pensamiento más trascendente que el cine. Es más, opinamos que, si existe otra vida, nos aguarda allí.

Fue él quien ensanchó nuestro horizonte audiovisual iniciándonos en consumos extra hollywoodenses, como Moderato Cantábile (1960, Peter Brook sobre texto de Margarite Duras), Era noche en Roma (1960, Roberto Rosellini sobre guión de su permanente colega Sergio Amidei), o El Puente (1959, alegato antimilitarista de Bernhard Wicki, atípico para una potencia bélica), por citar unos pocos títulos inolvidables que introducía deslizando escasas pistas interpretativas.

Cuando su prefacio rozaba algún tema comprometido, mirando hacia las monjas que por lo general ocupaban el fondo de la sala, aquel simpático erudito en la materia recurría a una muletilla que siempre nos sonó exagerada: “bueno… y no hablo más, porque si no de acá me saca la policía”. Pero lo cierto es que corrían las dictaduras de la “Revolución Argentina” (Onganía, Levingston, Lanusse), nos dábamos cita en una institución religiosa, y hace poco, reviendo Valeria y la semana de la fantasía (1970, Jaromil Jires), uno de aquellos títulos con que oportunamente logró hechizarnos, revalorizamos la advertencia de quien en semejante contexto se expuso a exhibir un filme de origen soviético, indisimulable carga erótica, y mensaje netamente anticlerical.

Cada vez que nos emocionamos ante la pantalla grande o logramos un momento conmovedor  en nuestro propio cine, sentimos que desde algún lugar Horacio Alberto Iribar guiña un ojo y sonríe.

 

De la ensoñación a la denuncia

Aquella mirada inaugural de adolescencia nos apegaba fatalmente a los happy ends. Muchos compañeros de curso evolucionaron antes y desarrollaron  tempranamente un pensamiento crítico, propenso a consumir cine no comercial.  Alguna vez vimos juntos Los años verdes (1969, Alan J. Pakula), historia romántica interpretada por una joven Liza Minelli que ve zozobrar su primer amor al culminar el ciclo escolar. Convencidos de que deberían existir amores absolutos, salimos del cine totalmente angustiados y proponiendo a los demás interpretaciones más soportables de aquel desenlace. Obviamente, nos dejaron atrás hablando solos.

Por entonces devorábamos resúmenes en Súper 8 generalmente mudos y a menudo inconexos de filmes famosos así facturados por la ignota firma Ken Films inc. para el disfrute hogareño. Es digna de recuerdo la fragancia de aquellas coloridas cajitas de cartón contenedoras de un pequeño carrete cuyo inicio venía sujeto por una breve cinta chonflex color beige: The Giant Behemoth, Vampire and the Ballerina, Frankenstein meets the Space Monster. Y las excitantes inscripciones que su portada solía exhibir: “Warning! Beware their stare!”. Cada estreno de las mismas mereció una nutrida premier entre amigos.

A medida que fuimos madurando emocionalmente, pasamos de celebrar a Vincent Price en los Martes de Terror del Cine-Teatro Coliseo Podestá a desentrañar a Bergman en los ciclos de cine-arte del Cine-Teatro “Ópera”. Con el tiempo transitaríamos de la diletancia a la realización. Hoy la posible medida de una mayoría de edad realizativa se nos presenta mediante el ejercicio del imprescindible distanciamiento emocional que toda edición requiere, para ganar perspectiva de las imágenes que frecuentemente nos enamoran durante el rodaje, asumiendo definitivamente que el lenguaje audiovisual reclama ejercitar el arte de la elipsis narrativa.

Con el tiempo, transferimos nuestra primigenia devoción por el hedonista y grandilocuente Fellini al despojado e insobornable Pasolini. Damos fe de que pocas cosas nos han proporcionado más placer que el cine, dicho sea esto más allá de cualquier género, se trate de ensayo, animé, o pornografía.

A las razones que expone esta breve reseña se debe que, como el Coloso de Rodas, tengamos un pie en el fantástico y otro en el cine más realista y comprometido, sin encontrar contradicción alguna entre una imaginación sin cadenas y una denuncia política que corte la digestión a los dueños de todo… aunque a veces nuestros lectores retaceen lo primero y celebren siempre lo segundo.-



lunes, 22 de diciembre de 2025

Ante el inminente estreno de “La virgen de la tosquera”

de Laura Casabé, basada en un par de relatos de Mariana Enríquez

LA CONSAGRACIÓN DEL CINE DE GÉNERO ARGENTO

Sépase disculpar la licencia que nos tomamos, pero entendemos que el mejor abordaje del tema en cuestión consiste en sincerar que esta nota no fue concebida a partir de nuestro costado académico ni realizativo, sino desde nuestra más incondicional cinefilia, extensiva a cuanto producto - o subproducto - nos haga pasar un momento grato, ya sea desde el humor o el espanto. Ejercemos para ello la modesta autoridad que otorga nuestra condición de veteranos superochistas que hemos recorrido los caminos aquí reseñados, así como el honorable status de ostentar de socios del mítico videoclub porteño Mondo Macabro, dedicado enteramente al particular, y alguna vez administrado por el inefable Axel Kutchevatzky, mentor de la Revista La Cosa (especializada en cine fantástico) y hoy productor de cine (El secreto de sus ojos, La Cordillera, 1985) residente en Los Ángeles, cuya erudición en la materia puede disfrutarse por Spotify a través del muy recomendable podcast Frame Fatale.

Desde la más tierna infancia disfrutamos de coleccionar cómics preferentemente fantásticos, asistir regularmente a las funciones dominicales - generalmente dedicadas al péplum (1) -  que ofrecía a cambio de clases de catecismo el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, o a los ya legendarios Martes de Terror en el Cine Coliseo Podestá de nuestra Ciudad de La Plata… y, alguna vez, de ensayar nuestras propias y modestas producciones audiovisuales en el contexto de unos años 70 bastante escasos de referencias locales (salvo los casos excepcionales de Emilio Vieyra (2) en el cine y Narciso Ibañez Menta en la TV), y ni siquiera entreviendo que alguna vez el advenimiento del cine digital - con su abaratamiento de costos y funcionalidad de recursos - haría sinapsis con una nueva generación capaz de superar con creces nuestro entusiasmo artesanal estrenando sus cada vez más calificadas realizaciones. Partiendo pues de tan humildes como insoslayables créditos, en adelante intentaremos una aproximación lo más seria posible a un fenómeno cultural que, dada la edad promedio y mutua cooperación de sus exponentes, ya adopta el carácter de un movimiento tan vasto como silencioso, que ha crecido desde los confines de la cinematografía de consumo masivo hasta imponer su consideración a la crítica.

 

Genealogía del fenómeno (hijxs de los 80s)

A la hora de efectuar un corte etario de lxs autores cuya producción nos ocupa podríamos arriesgar que se trata en su mayoría de realizadorxs crecidxs durante los 80s, nostálgicxs de los filmes y las series que consumieron sus padres (clásicos de la Universal Pictures o la Hammer Films, Dimensión Desconocida, El Túnel del Tiempo, Los Invasores, Obras Maestras del Terror, Cine de Súper Acción), y categóricamente devotxs de la ciencia ficción nipona (Godzilla, Ultramán), así como de las sagas Star Wars, Volver al Futuro, y Halloween. Casi todxs han ido encontrando referentes en el Álex de la Iglesia de El Día de la Bestia, el Santiago Segura de Torrente, el Tarantino de Pulp Fiction, y el Robert Rodríguez de Planet Terror. Es probable que muchos se hayan juntado en sucuchos como el videoclub mencionado en el párrafo anterior con las inclasificables producciones de John Waters o de Frank Hennenloter, escasísimamente difundidas en nuestro medio pero consideradas de culto por la cinefilia del Gran País del Norte. También es improbable que desconozcan la Revista Fangoria. Su atención se ha venido depositando sobre productos de excelencia como los Expedientes X de Chris Carter o la serie Lost concebida por J.J. Abrams, matizándolo con perlitas on line detectadas por la Aldea Global. Acaso también sea probable que la influencia catódica de programas locales de humor bizarro como Cha cha cha o Todo por dos pesos haya convocado a más de unx a trascender la condición de espectador motivadx por el acceso a una realización de bajo costo legitimada por buenas ideas y enriquecida con una post producción hogareña al alcance de casi todxs, que ya no reconoce límites a la hora de materializar los sueños más descabellados. Si con este puñado de datos intentáramos ensayar un arquetipo de realizador/a por el estilo, acaso la operación diera como resultado algo muy parecido al personaje interpretado por Sebastián De Caro (rostro familiar en alguna de estas producciones) en la legendaria mini serie Todos contra Juan, producida e interpretada por Gastón Pauls.  Lo que ya supera toda conjetura es que lxs argentinxs estamos en presencia de un insoslayable cine de género que oportunamente dio la espalda al denominado Nuevo Cine Argentino (Mundo Grúa, La Ciénaga, Bolivia)

 

Financiación, realización, y exhibición (hay vida más allá del INCAA)

Buscando denominadores comunes en torno a la financiación de estos productos hallaremos un generalizado origen autogestivo, cuyo ejemplo más emblemático tal vez sea el de Farsa Producciones (http://www.farsaproducciones.com.ar/), cuya existencia data de los tempranos 90s. El paso del amateurismo a la profesionalidad de muchxs de estxs autorxs ha contribuido a que ganen cierto prestigio en el fandom (3), e incluso que accedan a algún financiamiento nacional o hasta internacional. En consecuencia, sus métodos de trabajo también han ido evolucionando desde aquel primigenio grupo de amigos capaz de facturar un largometraje en su propia casa durante unos cuantos fines de semana - clonando peleas estilo animé sin mayores nociones de continuidad narrativa - a la constitución de equipos interdisciplinarios capaces de reunir profesionales solventes en todos los campos del quehacer cinematográfico. A esta altura cabe destacar que en el marco de la ceremonia que anualmente los convoca, el Festival Buenos Aires Rojo Sangre (http://rojosangre.quintadimension.com/2.0/), muchxs se quejan de que el INCAA no fomenta el cine de género. Y, efectivamente, a juzgar por su escasísima presencia en salas del circuito comercial así como por cierto prejuicioso desprecio de la crítica especializada, salvo honrosas excepciones, el público interesado sólo consigue acceder a estos títulos en el evento antedicho, cuando algún alma generosa los sube a la web, o en algunos comercios que reconocen y valorizan el poderoso fenómeno en ciernes, como las comiquerías.  En todo caso, la noticia más feliz reside en que su huella pueda seguirse a través del siguiente portal: https://cinedegenerolatinoamericano.com/  

 

Algunos referentes 

A continuación daremos cuenta de algunos nombres que, a nuestro criterio, valdría la pena tener en cuenta.

Pablo Parés: Desde los 12 años realiza cortometrajes junto a un grupo de amigos que, años más tarde, fundan Farsa Producciones. A los 18 años estrena su primer largometraje independiente, Plaga Zombie, que es considerado el puntapié inicial del movimiento de cine fantástico nacional al que venimos haciendo referencia en esta nota. A tal punto llegó su influencia que, así como oportunamente George A. Romero impuso con su Noche de los Muertos Vivientes (1968) la noción de que los zombis caminan lento y devoran cerebros… los chicos de Farsa contagiaron a la versión argenta de un inexplicable semblante blanco salpicado de manchas multicolor (ver si no filmes posteriores como ZombieNation, o Curas Zombis en Azul) El film, rodado en VHS con escasos recursos, logró su distribución en DVD en EE.UU., España, Francia, Italia, Alemania y Argentina. En 2000 estrena su segunda película Nunca asistas a este tipo de fiestas, seguida por Zona Mutante en 2001. Poco después comenzó con la realización del que sería su cuarto largometraje Filmatron (vagamente inspirado en la obra 1984 de George Orwell), las imágenes del film llamaron la atención de un productor norteamericano que lo convocó para co-escribir y co-dirigir junto a Daniel De la Vega el film Jennifer’s Shadow (editado en algunos países como Chronicle of the Raven), rodado en 35 mm con cámaras Panavision y con la actuación de la ganadora del Oscar Faye Dunaway. En 2007 estrenó Filmatron, que se alzó con 9 premios internacionales, incluyendo el premio del público en los festivales BAFICI 2007 y BARS 2007. En 2009 escribió y dirigió el film 100% Lucha: El amo de los clones, que llevó a más de 90 mil espectadores a las salas en plena gripe porcina. Y unos meses después realizó el film musical Kapanga Todoterreno, protagonizado por la popular banda de rock local, rescatando el espíritu de las películas de Sandro. El estreno se produjo en el Festival de Mar del Plata de ese mismo año. En 2010 estrenó Nunca más asistas a este tipo de fiestas, continuación de su primera entrega; y a fines del mismo año estrenó, también en el Festival de Mar del Plata, Post - La aventura completa, parodia de Lost. A continuación cerró su saga zombi presentando una tercera entrega, titulada Plaga Zombi Revolución Tóxica. Varios títulos más tarde, este año estrenó la comedia adolescente Marisa y Gomoso.

Daniel de la Vega: Nació en Buenos Aires en 1972. Dirigió los cortos Última Cena, Sueño Profundo, y El Martillo, este último galardonado como Mejor Cortometraje en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Como señaláramos antes, en 2003 co escribió y co dirigió la co producción Jennifer’s Shadow, filmada en Argentina para el mercado internacional. Ha realizado a su vez varios largometrajes, como La muerte conoce tu nombre, Ataúd blanco, Hermanos de sangre,  Necrofobia - primer película argentina de terror en 3D -, y acaba de presentar Los ojos del abismo, producida por Del Toro Films.

Adrián García Bogliano (Paura Flics): Hijo de padres exiliados durante la última dictadura militar, nació en la ciudad de Madrid. A los 19 años, ya en Argentina, logró convocar a un grupo de estudiantes de cine en la Universidad Nacional de La Plata para producir su primer largometraje: Habitaciones para turistas. Dicha producción, que tardó cinco años en ser finalizada, cosechó decenas de premios en certámenes internacionales. Fue estrenada y distribuida en Estados Unidos, donde medios como New York Times, Daily Variety, Fangoria, Bloody Disgusting, New York Post y Twitch Film, la reseñaron con excelentes comentarios. Pese a que en Argentina nunca pudo estrenarse comercialmente. Con su segunda película Grité una noche, consiguió la renovación del elogio de la crítica internacional especializada, y se lo comparó con cineastas de la talla de Takashi MiikeTarantino, Carpenter o Wes Craven. Después le siguieron los films 36 pasos, No moriré sola y Masacre esta noche. En 2010 en Costa Rica guionó y dirigió, junto a su hermano, la película Donde duerme el horror que también fue estrenada en Guatemala y Panamá. Sudor frío fue su primera película estrenada comercialmente en Argentina, coproducida con Pampa Films y distribuida por Buena Vista International, que contó con 70.000 espectadores durante las dos primeras semanas en cartel. Su último título conocido es La Exorcista, de 2022, rodada en Méjico.

Sergio Esquenazi: Comenzó su carrera a los 20 años dirigiendo comerciales en Estados Unidos. De vuelta en su país escribió dirigió series de televisión en las que trabajó con actores de la talla de Norman BriskiJuan Gil NavarroAlejandro Awada, entre otros. En 2004 fundó junto con el productor Christian Koruk la productora C&K Films y rodó su primer largometraje, Dead Line, realizado en idioma inglés y distribuido en más de 30 países. Tras Dead Line filmó Bone Breaker (2005) también en inglés. Su primer largometraje en español fue la producción argentino-española Visitante de Invierno (2007), primer film de terror estrenado comercialmente en Argentina en dos décadas, que aborda temas como la locura, la reencarnación y el canibalismo. A continuación realizó Número 8, largometraje de corte realista, primer protagónico en cine de Diego Alonso Gómez y la modelo internacional Sofía Zámolo. En 2009 filmó, nuevamente en inglés, They Want My Eyes, con guión de Demian Rugna, incursionando en un tipo de horror hasta ese momento por él inexplorado. En 2010 trabajó junto al productor norteamericano Hunt Lowry, en el desarrollo de 3 proyectos para la Warner Bros, incluido El Testamento, basado en el libro de John Grisham. A la fecha, su producción llega hasta Leviatán, rodada en 2016.

Nicanor Loreti: Nació en Buenos Aires, en 1978. Fue jefe de redacción de la revista de cine La Cosa, publicó el libro de entrevistas Cult People (2009) y colaboró en las revistas estadounidenses Fangoria, Psychotronic Video y Shock Cinema. También produjo y escribió varios largometrajes y dirigió Diablo, ganadora de la competencia argentina en el 26º Festival de Cine de Mar del Plata (2011), Kryptonita (2015), El Club de los Malditos (2018), Punto Rojo (2021), María (2023), y Retratos del Apocalipsis (2024)

Como ya se dijo, este es sólo un reducido puñado de referentes del quehacer considerado, que cada vez se nutre de más realizadores y realizadoras contagiadxs por el entusiasmo de quienes oportunamente se atrevieron a tomar la delantera.

 

Títulos recomendados (para armar una filmografía de culto)

Como en el apartado anterior, aquí se reseñará una reducida muestra de títulos que consideramos de visión imprescindible.

Terror

Jennifer’s Shadow: Luego de la extraña muerte de su madre, Jennifer (Gina Phillips) llega a la remota mansión sudamericana de su abuela (Faye Dunaway) con el firme propósito de vender esa casona y regresar lo más pronto posible a su país. A partir de su primera noche en el lugar, comienza a sufrir pesadillas sobre un cuervo que le picotea el vientre; el joven amigo de la familia (Nicolás Pauls) no parece ser de mucha ayuda, así que Jennifer acude a un anciano sepulturero (el gran Duilio Marzio), que parecería conocer el temible secreto que guardan esas apariciones oníricas de los pequeños rapaces. La película cuenta con una apropiada utilización de locaciones, secuencias oníricas bien planteadas y un inusual detalle en el reparto. En general, el cine clase B suele utilizar a viejos actores de renombre para realizar cameos o papeles secundarios mínimos con el propósito de calificar su casting. No es este el caso, dada la extensa presencia en cámara (y jugosos diálogos) de Marzio. Cabe destacar que, como en algunas producciones del catalán Jaume Balagueró, se incursiona aquí en la lovecraftiana costumbre de imaginar una secta de iniciados en un culto ancestral esotérico.

El visitante de invierno: Es la historia de Ariel Lambert, un joven de veinte años a quien, luego de un trastorno psicológico, se le recomienda hacer reposo en un lugar tranquilo y apacible. En pleno invierno se muda con su madre y hermana a Villa Mar, un pequeño pueblo veraniego que en dicha época del año se encuentra prácticamente desierto. Allí, poco a poco, Ariel descubrirá que en una casa cercana a la suya (supuestamente desierta)   entran niños, y no vuelven a salir jamás. ¿Pero esto es verdad? ¿O solo parte de la locura de Ariel? Habrá una sola forma de averiguarlo… y el protagonista la pondrá en práctica.  

Gore (4): 

Nunca asistas a ese tipo de fiestas: Cuenta la historia de un militar retirado que decide pasar un fin de semana junto a su hijo en Cascallares. Pero a poco de llegar, su paz se ve interrumpida por el arribo de seis adolescentes en busca de diversión. Suerte de remedo nacional de las sagas Halloween o Martes 13, tiene la picardía de incluir lúcidas ironías referidas a nuestro reciente pasado represivo. Para ver on line:  https://www.youtube.com/watch?v=vu661aDSPis

Habitaciones para turistas: Cinco mujeres encalladas en un pueblo perdido guardan un secreto en común. Hay una amenaza entre las sombras. Cinco habitaciones para turistas depararán una noche sin descanso. Confesamos sin culpa alguna nuestra escasa predisposición hacia los productos de este subgénero del horror dedicado a explicitar la flagelación (como Hostel, Saw o Terrifier), lo cual no obsta para reconocer en Adrián García Bogliano a un talentosísimo narrador de historias  que domina los recursos del cine para llevarlas a resultados verdaderamente intensos. Para ver  on line: https://www.youtube.com/watch?v=tcT3y6FjQR8  

Bizarro (5):

El hada buena: Sucede en un futuro más o menos lejano, más o menos cercano de la Argentina. Luego del desastre la autoridad ha decidido reinstalar el modelo benefactor peronista, o por lo menos, su estética y un vocabulario afín. La sociedad del momento hace un gran esfuerzo por copiar costumbres y aclama un holograma de Perón. Esther y Horacio, dos hermanos y únicos sobrevivientes de la que ha sido una acomodada familia se adaptan a los tiempos que corren. Adoptan niños en subastas populares con el objetivo de que alguno sea apadrinado por el Líder. Sin resultados favorables hasta el momento, todo parece cambiar con la llegada del séptimo niño. Esta es la historia del afanoso Juan Domingo Séptimo, de los días que pasó con su familia, de las tardes de estudió con sus hermanos, de su deseo por volver a su antiguo hogar, de su lucha por ser apadrinado y de su esperanza por convertirse en el futuro líder de la Patria. Si el sub título de un ensayo del filósofo José Pablo Feinmann sobre el peronismo es Historia de una persistencia argentina… y hasta el popularísimo Peter Capussoto ha consagrado esta ideología como definitivamente instalada en la cultura de los argentinos, la ucronía que acabamos de reseñar hace honor a tan insoslayable fenómeno.  Un producto de la ascendente directora de La valija de Benavídez (2016), Los que vuelven (2019), y el filme que ilustra esta nota.  

Acción

Vikingo: El personaje que da nombre a esta singularísima road movie es un respetado motociclista de vida licenciosa pero, paradójicamente, rígido en lo que hace a la aplicación de ciertos preceptos morales como el honor y el respeto, aunque no estén presentes coherentemente en todas las dimensiones de su vida. Tanto Vikingo como sus pares motociclistas son partidarios de la práctica de un anarquismo anacrónico y primordial, su atuendo es invariablemente negro y reniegan de participar en cualquier tipo de delito. Vikingo sobrelleva una permanente rivalidad con Villegas, un adolescente traficante de nuevas y destructivas drogas, quien promueve la realización de ciertos delitos atroces. Villegas y sus secuaces representan la práctica sin códigos, afianzada en el desprecio por la vida propia y ajena. En un momento Villegas comienza a involucrar a un muchacho que es sobrino de Vikingo y a partir de allí se agudiza el conflicto. El débil equilibrio que demora el enfrentamiento entre el grupo de Vikingo y el de Villegas se altera al arribar a la barriada Aguirre, un veterano motociclista vagabundo quien, fruto de un severo conflicto amoroso, resulta ser un descastado a quien Vikingo rescata de la vía publica invitándolo a vivir en su morada. Aguirre ayudará a inclinar la balanza y a mantener, no sin sangre, este delgado hilo del que pende la paz por aquellos perdidos caminos. Al igual que el título siguiente, esta originalísima producción viene a demostrar que en nuestro medio hay autores que ya no le van en saga ni a Tarantino ni a Guy Ritchie. Para ver on linehttps://www.youtube.com/watch?v=qQQIV2kg1zc  

Diablo: Marcos Wainsberg es un boxeador retirado. El día que planea reconciliarse con su ex novia, aparece en su casa su primo Huguito, con la camisa manchada de sangre. Obviamente está en problemas y arrastrará a Marcos a un torbellino de acción y comedia mientras intentan sobrevivir al día más absurdo de sus vidas. Hasta conocer este filme, que revemos con frecuencia, considerábamos que ninguna película nacional de acción podría superar a Últimos días de la víctima de Aristarain o a Un oso rojo de Caetano… pero ahora preferimos desafiar a los lectores a que se atrevan a soportar estos 80 minutos sin precedente en la cinematografía local. Para ver on linehttps://www.youtube.com/watch?v=SGlPPnUV9Tc

Hasta aquí esta apretada pero cada vez más necesaria reseña de lo que bulle en el underground cinematográfico local, muy a pesar de la indiferencia de los productores, la desidia de la crítica, y la ignorancia de un público resignado a creer que lo mejor de nuestro cine depende de Darin o Franchela.-

 

[1] Péplum es un género fílmico que popularmente puede conceptualizarse como cine histórico de aventuras. Las películas están ambientadas en la Antigüedad, fundamentalmente greco-romana.

[2] Emilio Vieyra (Buenos Aires, 12 de octubre de 1920 - 25 de enero de 2010) fue un director, guionista y productor de cine argentino. Estuvo frecuentemente asociado con el cine de explotación, el cine bizarro, el de ciencia ficción y el de culto.

[3] Fandom es una palabra que se refiere al conjunto de aficionados a algún pasatiempo, persona o fenómeno en particular. Cabe aclarar que el término fandom se asocia sobre todo con los aficionados a la ciencia ficción o a la literatura fantástica. También se suele aplicar a comunidades formadas en Internet que discuten temas relacionados. con su afición.

[4] El gore se podría definir como un género artístico - no solo cinematográfico - encargado de provocar a los ojos de quien lo pueda percibir - o disfrutar - una sensación de repulsión, asco, sadismo, violencia, negación... el ser humano es muy cruel, sí señor, a veces necesitamos hacer buenas ofrendas para sentirnos bien con nosotros mismos, otras veces necesitamos experimentar el mal, y el gore es una manera sencilla y cómoda de poder disfrutarlo, de poder representarlo. Gore es algo asqueroso, explícito, sanguinolento, putrefacto, el gore no se tapa, no se esconde detrás de las sombras, es violencia sin tapujos. Donde mejor se puede apreciar todo esto es en el cine, buenas películas se hicieron hace tiempo - y a veces se hacen - sumergidas en este género: Necromantik, Holocausto Cannibal, Bad Taste (Mal gusto), son algunos de sus ejemplos.

[5]  Generalmente se emplea la palabra bizarro para calificar algo extraño, grotesco o extravagante.

 



lunes, 15 de diciembre de 2025

Ante rumores de desaparición del programa Torrent

EN UN MUNDO SIN JUSTICIA

ACASO EL CINE SEA LO MEJOR QUE NOS PASA

Si la memoria no nos traiciona, escribimos el artículo titulado “Una tarde de nuestros 8 años con el abuelo Clemente viendo The Magic Sword (1962, Bert I. Gordon) en el Cine Belgrano de La Plata” - al que pertenece el párrafo siguiente - hace alrededor de diecisiete años, cuando el personal trainner de nuestra computadora nos instaló el programa e mule, transformándonos ipso facto en amos y señores del Séptimo Arte pretérito y por venir:

“Cuesta evocar porqué aquel domingo de nuestra infancia nos hicimos acreedores a una rígida penitencia cuya sentencia el abuelo logró derogar gracias a un notable ascendiente sobre su único hijo. Aquello fue un verdadero milagro porque para entonces coleccionábamos revistas mejicanas de Editorial Novaro, muy especialmente la serie Clásicos del Cine, que ofrecía inolvidables adaptaciones gráficas de largometrajes de ficción. Por esa vía éramos sabedores de que existía una película de espada y hechicería protagonizada por el descomunal Basil Rathbone, actor de fama bien adquirida como protagonista de una de las primeras sagas fílmicas de Sherlock Holmes. De manera que  dominábamos el argumento de un filme que no habíamos visto... ¡pero acababan de estrenarlo en un cine de barrio en programa triple del género fantástico! A esta altura cabe destacar que ni de grandes perdimos la costumbre de encerrarnos a enfrentar al Ave Roc con Simbad o rescatar el Vellocino de Oro con Jasón y los argonautas, sobre todo cuando se oscurecía la realidad nacional... Narramos pues una historia de redención: Gracias a los buenos oficios diplomáticos del abuelo sorteamos esa tarde los siete conjuros que separaban a Sir George del castillo de Lodac”.

Alguna vez sostuvimos - y no cuesta confirmarlo - que creemos en el cine más que en la vida, ya que esta verdadera metáfora de una eternidad posible, al igual que la Lámpara de Aladino, de tanto en tanto satisface nuestros más caros anhelos, como por ejemplo que, merced al capricho de Quentin Tarantino, en su filme Ingloriosos Bastardos un variopinto team de justicieros nos dé el gusto de ejecutar al propio Adolf Hitler, o que en su gigantesca Érase una vez en Hollywood tengamos la oportunidad de que unos hippies alucinados equivoquen el blanco de la masacre encargada por Charles Manson, y la angelical Sharon Tate salve su vida… al menos hasta que se enciendan las luces de la sala.

Entre aquel primer texto citado y este, media el descubrimiento y celebración de otro programa destinado - cuándo no - al mismo fin: Visitar y revisitar el cine de todos los tiempos. Se trata del hoy amenazado programa Torrent, presentado por un primo devoto de esta nueva Edad de Oro de las series. Y el Cuerno de la Abundancia  que alimentó nuestros largos meses de estricta cuarentena fue la - desgraciadamente desaparecida pero inolvidable -  plataforma ZooWoman.

Faena condenada a un muy probable fracaso, esta de bajar (porque no es lo mismo ver on line que poseer ese tesoro) una decena de filmes por día - producciones algunas cuya existencia ignorábamos -, ganados por una sed que, ni aun viendo dos o tres de ellas por jornada, llegaremos a saciar… puesto que ya contamos con una memoria externa de 2 Teras a punto de estallar, y dudamos que nos asista  tiempo biológico suficiente para disfrutar en plenitud de semejante videoteca. 

Cinéfilos reincidentes pues, a lo largo de nuestra vida realizamos varios seminarios sobre crítica cinematográfica. En uno que tuvo lugar en la vieja librería porteña “La Crujía”, el sociólogo y ensayista Ezequiel Ander Egg virtió elogiosos conceptos sobre un análisis comparativo que encaramos acerca del tratamiento de la Guerra de Vietnam en el cine, revisando filmes tan dispares como “El francotirador” (1978, Michael Cimino), “Apocalypse Now!” (1979, Francis Ford Cóppola), o “Rambo” (1982, Ted Kotcheff)

Hoy el mentado “vicio” continúa vigente desde este Salón Hindú, espacio que reboza de lectores cuando algún posteo despliega una perspectiva crítica sobre el acontecer global… e imperdonablemente se vacía cuando dejamos constancia de nuestra fascinación por el género fantástico.-


Soñar aún es gratis, no lo desaprovechemos:

https://www.youtube.com/watch?v=QF27-6AgFEw

 

 



domingo, 7 de diciembre de 2025

Carta abierta a los Hermanos Lumière

EL CINE COMO METÁFORA DE LA ETERNIDAD

Imagen de La eternidad y un día (1998, Theo Angelopoulos)


“Y la muerte no tendrá poder”. 

Dylan Thomas 


Estimados Luis y Augusto

A punto de cumplirse 130 años de vuestra primera función de cine, la supuesta atracción de feria que creasteis con escasa expectativa de trascendencia ocupa un sitial omnipresente en nuestras vidas.

Su mecánica, pariente de nuestro siquismo, toma prestadas algunas de sus funciones. Podría decirse que la imaginación guioniza, la mirada registra, y la memoria edita. Potestad absoluta, eso último, del público sobre el autor. 

Sin ir más lejos, el último filme que vio con su madre quien escribe estas líneas fue La mala educación, de Pedro Almodóvar. La vieja maestra jubilada que resistió sola en una casa seis veces allanada por la dictadura aprovechó a echarse una buena siesta durante la proyección. Pero al salir de la sala no se privó de narrar la película a quien quisiera escucharla, claro que “editada” según consejo de su fragmentario recuerdo.

Lo cierto es que, a más de un siglo del arribo de vuestra locomotora a La Gare de La Ciotat, recuerdo que alguna vez en un amable balneario del sur del planeta, me tocó en suerte compartir fila con decenas de joviales jubilados que abonaron un dólar por asistir al estreno de Le rose dil deserto, el último filme de   Mario Monicelli, ese rozagante veterano que - ya sin los Monstruos Sagrados de la commedia all’italiana - los acompañó desde el estreno de Los desconocidos de siempre.

Quiero expresaros que en el Siglo XXI resulta más infundado que nunca vuestro escepticismo ante el futuro del Biógrafo, así como aquel legendario retaceo a vender una cámara tomavistas al ilustre Mago de Montreuil (*) 

Para más datos, siguiendo la tendencia que marca la innovación tecnológica (menor tamaño del soporte y mayor capacidad de almacenamiento), las bobinas que guardaban el producto de vuestra inventiva ya no viajan de a docena en pesadas bolsas de lona para transportar trompadas y besos hasta el público devoto.

Casualmente, escaso de tiempo como suelo andar, alguna vez compré a un humilde vendedor callejero TODOS los filmes candidatos al Óscar de aquel año, a poco más de un dólar el DVD. Para mi sorpresa, se veían y escuchaban perfectamente. Para la vuestra, aquel cuentapropista ofrecía su producto a los transeúntes comentando seductoras sinopsis argumentales y haciendo gala de eruditas clasificaciones de género.

Eso no es todo, en alguna oportunidad también cené en un pizza-cinema-bar que, poco mejor acondicionado que vuestro Salón Hindú del Boulevard de Capuchinos, brindaba un ámbito espacioso a numerosas familias y parejas de enamorados afectas al fast food que, alineadas en largas banquetas, enfrentaban bajo la semipenumbra una pantalla desde la que Jack Black bregaba sin suerte por imponer su voz sobre el tintinear de los cubiertos, para seducir a Kate Winslet en una secuencia de El descanso (2006, Nancy Meyers) Como podrán apreciar, no por amigable el soporte digital habrá de sustraernos del barracón de feria - que iguala todos los asombros - para secuestrarnos en la soledad de nuestra habitación ante la fría pantalla de una notebook... cuando no de un teléfono celular.

Hoy más que nunca entonces, cari fratelli, brothers, frères, se confirma aquella temeraria afirmación que publicara en primera plana el diario Le Post al día siguiente de vuestro estreno: “La muerte absoluta ya no es posible”. Efectivamente, muchos vivimos por el cine. Y gracias a él no moriremos.-

(*) Apelativo del pionero Georges Meliés.


domingo, 30 de noviembre de 2025

La Huésped

AMORES QUE MATAN

El terror asiático es un género único, conocido por su estética visual impactante, sus tramas inquietantes y sus muertes espeluznantes, y esto incluye las mejores películas de terror tailandesas. Diverso folklore sobrenatural y la creencia en fantasmas y espíritus han influido profundamente en el género de terror tailandés, con películas como Nang Nak (1999, Nonzee Nimibutr) e Inhuman Kiss (2019, Sitisiri Mongkolsiri) que se inspiran en mitos tailandeses para crear momentos realmente escalofriantes. Con el paso de los años, las películas de terror tailandesas han ganado popularidad entre el público internacional, que disfruta del género en general, pero busca algo diferente.

Pee Mak (2013, Banjong Pisanthanakun), la película tailandesa más taquillera de todos los tiempos, es una prueba más de que el terror es el género más popular en el cine tailandés. Con una fuerte presencia de fantasmas y sangre, las películas de terror tailandesas están repletas de escalofríos y emociones fuertes que sin duda deleitarán incluso a los aficionados al género más curtidos.

Durante la primera mitad de octubre 2025 se estrenó en salas de Argentina una nueva perlita del folk horror, en este caso de origen tailandés. Se trata de Host, traducida al español como La Huésped, film ahora incluido en el catálogo de la plataforma Prime Video.

El público occidental detectará a largo de su trama climas que le recordarán a El Espinazo del Diablo (2001, Guillermo Del Toro) o El Orfanato (2008, Juan Antonio Bayona), y - por qué no - a una protagonista con ansias de venganza al estilo de Carrie (1983, Brian De Palma), aunque aquí la misma no esté dotada de poderes paranormales sino más bien sea víctima de una maldición.

Ing, que de ella se trata, es transportada en bote a una isla en la que se alza un reformatorio para niñas con conflictos de adaptación social. Ello sucede durante un temporal que acompañará casi todo el relato, dotándolo de un clima sumamente intranquilizador. La institución está dirigida por una matriarca de aspecto hombruno que se hace llamar justamente “Madre”, quien educa a las niñas con implacable rigor. Desde el arribo de la nueva, hostigada por el grupo que ya cuenta con la confianza y el beneplácito de la directora, quienes la agredan irá sufriendo el más inaudito de los castigos. Hasta que los antecedentes de la recién llegada nos enteren acerca de una antigua leyenda local, que supone que cada bebé nace mitad humano - mitad espíritu, y que, para quebrar esa dualidad, se impone realizar un ritual que incluye consagrar al recién nacido un muñequito de arcilla cuya cabeza debe ser separada del cuerpo, para que la criatura solo conserve su entidad humana. Promediando el film nos enteraremos que en el caso de la protagonista, eso no se llevó a cabo, por lo cual no ha llegado a ese tenebroso lugar precisamente sola, sino acompañada por una fuerza sobrenatural que vela por ella. 

Su joven director, Pairach Khumwan - apodado Pokpong -, es oriundo de Bangkok. Se graduó en Comunicación de Masas por la Universidad de Kasetsart. Y actualmente trabaja como director de cine y publicidad, además de director de fotografía en numerosas películas independientes.

Un espectáculo que, más allá de algún que otro clisé del género, estremece incluso a expensas del extrañamiento cultural que aporta su exótico origen. -


Tráiler en lengua original:

https://www.youtube.com/watch?v=RsoU7UVNEcU&t=18s

ALGUNOS ANTECEDENTES DEL CINE FANTÁSTICO EN EL MUNDO HISPANOPARLANTE (Primera entrega) Ya que a menudo sentimos nostalgia de los inolvidab...