Dibujitos
animados: Un arte “infantil” elaborado por adultos
PARA COMERTE MEJOR…

En la heterogénea antología animada The
Complete Weird Cartoons (2004, Johnny
Legend), entre otras
curiosidades, puede constatarse la asordinada inclinación macarthista de Walter Elías Disney, aquel empresario descendiente de
irlandeses que iniciara su carrera artística montando con su hermano Roy un
estudio publicitario en Burbanks (California) a comienzos del pasado siglo.
Ello se advierte en la primera entrega de la colección, titulada Alice and Egg
Plant (1925, foto que encabeza esta nota), producción que combina tempranamente
dibujos animados con la acción en vivo de la niña del título, que estelarizó
una saga dedicada a sus disparatadas aventuras en compañía de un clon del Gato
Félix, contemporáneamente creado por Pat Sullivan. Allí puede verse a un pollo recién
llegado de la flamante Unión Soviética dedicarse a rebelar a las sumisas aves
ponedoras de un pacífico corral para que exijan mejor trato de sus patrones, a
la sazón la pequeña y su amigo felino. La crisis se resolverá al mejor estilo
capitalista: Cobrándole al sublevado gallinero un huevo como entrada para
presenciar un evento, y recuperar así la producción en falta.
Dicho sea de paso, durante la Segunda Guerra Mundial, Walt Disney colaboró
activamente con el ejército estadounidense, diseñando cientos de insignias y
personajes para los escuadrones - incluso los que sobrevolaron Hiroshima y
Nagasaki -, a menudo sin fines de lucro.
La serie continúa con Alice The
Toreador (1925); Frogland (1925, Ladislav Starevitch), temprana producción en stop motion con figuras de masilla, para
narrar la antigua fábula de unas ranas que molestan a Júpiter para que les
envíe un rey, hasta que la irascible deidad opta por darles una severa lección;
Horn Anithing (probablemente fruto del Estudio Fleischer, donde esta vez
aparece un coro de clones de Mickey Mouse), y Betty Boop Crazy Inventions
(1933, Dave Fleischer)
Hasta ese título, casi toda la muestra
remite a la típica producción de los años 20/30, alguna de cuyas constantes era
la curvilínea sencillez de personajes diseñados en blanco y negro, sin
semitonos, para favorecer su reproductividad elaborada a mano; el animismo de
cualquier objeto (TODO era pasible de tener vida propia); el carácter
elástico-gomoso de los movimientos, carente de cualquier pretensión realista;
una banda sonora exclusivamente musical, escasamente compuesta por palabras con
sincro labial; y una inclinación narrativa decididamente surrealista.
A partir de Inki and The Mina Bird (1943, Chuck Jones), primera entrega a color de esta
compilación, perteneciente a la serie Merry Melodies, comienza a notarse la
pérdida gradual de aquella primigenia frescura.
La colección entonces retoma los
clásicos de la época de la mano de Betty Boop y su amigo Bimbo (novio de la
diva, cuando esta era una perrita, aunque su consagración llegó al humanizarla)
en Crazy Town (1932, también de Fleischer), bizarra visita a una suerte de
“Reino del Revés”. Aquí cabe subrayar que la saga que tuvo como protagonista a
esa heroína llegó a erotizarla a tal punto que se hizo acreedora a la censura
impuesta por el Código Hays, hasta su tardío rescate en el film ¿Quién engañó a
Roger Rabbit? (1988, Robert Zemeckis)
El programa continúa con Little Black
Sambo (1935, Ub Iwerks), otro corto en colores, de Castle Films, donde el principal socio
de Disney adapta el libro infantil "La historia de Little Black
Sambo" de Helen Bannerman,
publicado en 1899, que da cuenta de las
vicisitudes de un niño de color prejuiciosamente ambientado en un entorno
tropical, ataviado - igual que su madre - como oriundo de Missisipi… y asediado
por un tigre de Bengala (!)
Le sigue el singular Jungle Jinks
Cartoon (1931, Ub Iwerks), que se asoma al agobiante trabajo de una factoría de animadores en la
era pre digital, cuando los inbetweeners
(diseñadores de las fases intermedias de los films de este tipo) debían
reproducir interminablemente dibujos sumamente parecidos, sin margen alguno de
despliegue creativo.
El corto siguiente, basado en un
relato de Lowell Thomas, es The metal eat bird (1930, Charley Bowers), combinación de acción en vivo y
animación corpórea en blanco y negro, que relata el descubrimiento por parte de
un chatarrero de un ave que se alimenta de metales, y al que captura para
someterlo, al mejor estilo fordista, a la producción en serie (ingesta -
digestión - y regurgitación) de 5.000.000 de automóviles diarios (!!)
A partir de aquí se da paso a un
compacto de publicidades animadas, todas en blanco y negro, de productos y
eventos: Candy Factory, A cup of curdled blood, Ice Cream, y Ghost a Go Go Show.
La alternancia de piezas descritas da
paso ahora al inefable Gato Félix en The non stop fright (1927, Pat Sullivan),
delirante viaje donde - como de costumbre - el legendario felino se vale hasta
de sus propios signos de exclamación o interrogación para sortear situaciones
difíciles.
En fin, ahora que la animación para
adultos no es ninguna novedad, corresponde admitir que el arte de marras casi
nunca fue tan inocente como alguna vez se lo consideró.-
Referencias:
https://www.youtube.com/watch?v=ldTc0XZVJfc
https://www.youtube.com/watch?v=Ussuylj4aZs