Si tuviéramos
que citar a un par de referentes actuales de dicho quehacer, a quienes siempre
escuchamos con sumo respeto, no dudaríamos ni un instante en mencionar al
español Alejandro Calvo (SensaCine) ni
al argentino Áxel Kutchevatzky (Frame
Fatale): Aunque el metiere principal
de este último sea la producción, no podemos pasar por alto su erudición sobre
el tema de referencia.
Pero existe
cierto consenso en ponderar la figura del crítico estadounidense Roger Ebert, fallecido hace 13 años, quien legara para los fans una atinada lista
de las que, a su respetable criterio, han sido “las mejores películas de todos
los tiempos”.
En efecto, la
última nómina que el legendario crítico entregó a la célebre revista Sight
& Sound reúne a Kubrick, Hitchcock, Welles, Ozu, Fellini, Scorsese, Herzog, Coppola, Keaton y Malick. Desde
ya, si el Norte prestara mayor atención al Sur Global, ahí también debería
figurar nuestro Leonardo Favio.
El crítico del
Chicago Sun-Times, ganador del Pulitzer en 1975 y una de las firmas más
reconocibles de la crítica estadounidense, participó durante décadas en la
encuesta de Sight & Sound, esa consulta que cada diez años pide a críticos,
programadores y especialistas que elijan las mejores películas de todos los tiempos. En
2012, en la que sería su última selección antes de su muerte, Ebert dejó una
lista de diez títulos que constituye una pequeña autobiografía cinéfila: películas
sobre la ambición, la memoria, el tiempo, la obsesión, la fe en la imagen y la
imposibilidad de explicar del todo por qué una obra permanece.
La selección de
Ebert no estaba presentada como un ranking del 1 al 10, sino como una papeleta
para Sight & Sound: no se trataba de escoger el mejor film por encima de todos,
sino de entregar diez títulos que, para él, sostenían una idea completa del
cine. En esa lista estaban Aguirre, la ira de Dios, Apocalypse Now, Ciudadano
Kane, La dolce vita, El maquinista de La General, Toro salvaje, 2001:
Una odisea del espacio, Cuentos de Tokio, El árbol de la vida y Vértigo.
No hay en ella una voluntad de equilibrio académico, sino algo más personal: la
certeza de que el cine se mide por las imágenes que vuelven una y otra vez.
Aguirre, la ira de Dios
En Aguirre,
la ira de Dios, Werner Herzog convierte la expedición de Lope de Aguirre en una
fiebre colonial que avanza por el Amazonas como si la historia hubiese perdido
el juicio. Ebert veía en ella una de las expresiones más poderosas del genio de
Herzog, y su presencia en la lista encaja con una de las constantes de su
sensibilidad: la atracción por los films que no sólo cuentan una aventura, sino
que parecen haberla sobrevivido. Klaus
Kinski, la selva, el delirio de El Dorado y esa cámara que observa el
hundimiento moral de los conquistadores componen una obra donde la locura
no es un accidente del relato, sino su respiración natural. No es cine
histórico en el sentido convencional, sino una visión casi alucinada del poder
cuando deja de necesitar coartadas.
Dónde verla: alquiler y compra en Rakuten TV.
Apocalypse Now
Ebert
defendía Apocalypse Now como la obra más valiente y ambiciosa de Francis Ford Coppola,
incluso por encima de la sombra inevitable de El padrino. La película de 1979
parte de la Guerra de Vietnam y de El corazón de las tinieblas para construir
un viaje hacia un lugar donde la razón militar, la mitología americana y la
demencia personal terminan fundiéndose en una misma noche. Su rodaje caótico
forma parte de la leyenda, pero lo verdaderamente importante sigue estando en
pantalla: un descenso físico y moral que convierte cada tramo del río en
una pregunta sobre la violencia. Ebert recordaba que el film le seguía
produciendo escalofríos reales, no figurados, y esa precisión resume bien su
fuerza: Apocalypse Now no envejece como un monumento, sino como una herida
abierta.
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Ciudadano Kane
Ciudadano Kane aparece
en la lista casi como una obligación feliz, porque hay films cuya importancia
histórica puede volverse tan repetida que amenaza con tapar su vitalidad. La
ópera prima de Orson Welles sigue siendo, sin embargo,
una máquina formal extraordinariamente viva: la profundidad de campo, la
estructura fragmentada, los saltos temporales, la investigación alrededor de
Rosebud y la caída de Charles Foster Kane mantienen intacta una energía que no
depende sólo de su condición de clásico. Ebert escribió que Ciudadano Kane
hablaba por sí sola, y quizá esa sea su paradoja más hermosa: cuanto más
se explica su influencia, más conviene volver a verla para recordar que antes
de ser lección fue película.
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Total, FlixOlé y Prime Video con anuncios.
La dolce vita
En La dolce
vita, Federico Fellini sigue a Marcello Rubini (el
gigantesco Marcello Mastroianni, alter ego del director en varios de sus
films)por una Roma nocturna, brillante y exhausta, donde la celebridad, el
deseo, la prensa, el dinero y la promesa de una vida más alta se mezclan en una
deriva imposible de cerrar. Para Ebert, era algo más que una gran película: era
una obra que había cambiado con él a medida que envejecía. Primero pudo verla
como fantasía de juventud, después como espejo de una vida posible y finalmente
como una meditación sobre la incomunicación. Su lugar en la lista tiene algo
íntimo, casi confesional, porque la grandeza de Fellini no está sólo en
retratar una época, sino en conseguir que esa época parezca siempre a punto de
agotarse ante nuestros ojos.
Dónde verla: en Movistar Plus+, Movistar Plus+ Ficción Total, FlixOlé,
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El maquinista de La General
Ebert consideraba
necesario que en su selección hubiese un film mudo, y eligió El maquinista
de La General, probablemente la cumbre física y cómica de Buster Keaton, un
genio en toda la regla. El film de 1926 es una persecución ferroviaria, una
comedia de precisión matemática y una demostración de riesgo corporal que
todavía hoy impresiona por su claridad visual. Keaton no necesitaba subrayar el
peligro porque lo ponía delante de la cámara, sin red retórica y casi sin
protección. En su aparente ligereza hay una idea purísima del cine: movimiento,
ritmo, espacio, cuerpo y consecuencia. Pocos films explican tan limpiamente que
una imagen puede ser compleja sin dejar de ser transparente.
Dónde verla: en Prime Video, Movistar Plus+, Movistar Plus+ Ficción
Total, Filmin, Acontra Plus y canales asociados; también con opciones gratuitas
con anuncios en Rakuten TV, Plex, Filmzie y Runtime.
Toro salvaje
En Toro
salvaje, Martin Scorsese convierte la vida de Jake LaMotta en una tragedia de carne, celos, violencia y autodestrucción.
Ebert la situaba como la obra más personal de Scorsese, una película que el
propio director llegó a vincular con un momento decisivo de su vida. Robert De Niro interpreta a LaMotta no
como un héroe deportivo, sino como un hombre incapaz de distinguir el castigo
del amor y la victoria de la ruina. El blanco y negro de Michael Chapman, el montaje de Thelma
Schoonmaker y la brutalidad seca de los combates hacen que el ring parezca menos un escenario
deportivo que una habitación mental, un lugar donde el personaje puede
destruirse con una pureza que la vida cotidiana no le permite.
Dónde verla: en Movistar Plus+, Movistar Plus+ Ficción Total, Filmin y
MGM Plus Amazon Channel; alquiler o compra en Apple TV Store, Rakuten TV y
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2001: Una odisea del espacio
Ebert veía 2001:
Una odisea del espacio como un monumento visionario, una de esas películas
que no parecen hechas para responder preguntas sino para agrandarlas. Stanley
Kubrick construyó en 1968 una epopeya que va del amanecer de la humanidad al
viaje espacial y de la herramienta primitiva a la inteligencia artificial, con
una confianza radical en la música, el silencio, la geometría y el misterio. Su
famosa elipsis del hueso a la nave espacial sigue siendo uno de los cortes más poderosos de la historia del cine. El
film conserva intacta su extrañeza porque nunca quiso parecer actual, sino
mirar al ser humano desde una distancia casi cósmica.
Dónde verla: en Movistar Plus+, Movistar Plus+ Ficción Total, Filmin,
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Store y Rakuten TV.
Cuentos de Tokio
Cuentos de Tokio representa
la otra cara de la lista: frente a las visiones grandiosas de Kubrick, Herzog o
Coppola, Yasujirō Ozu filma el paso del tiempo desde la quietud, la familia y
los gestos mínimos. Una pareja de ancianos viaja a Tokio para visitar a sus
hijos, pero descubre lentamente que la vida de estos ya no deja espacio para
ellos. El film no necesita grandes estallidos dramáticos porque su devastación
llega de forma mucho más discreta, casi administrativa: una visita que se
aplaza, una conversación que no encuentra lugar, una ternura que aparece donde
menos se esperaba. Para Ebert, Ozu veía cosas que nadie más veía, y Cuentos
de Tokio sigue doliendo porque entiende que el abandono rara vez llega con
ruido.
Dónde verla: en Movistar Plus+, Movistar Plus+ Ficción Total, Acontra
Plus y Acontra Plus Amazon Channel; alquiler o compra en Acontra Plus, Apple TV
Store y Rakuten TV; opciones gratuitas en Plex y Tivify.
El árbol de la vida
La entrada más
moderna de la lista es El árbol de la vida, el film de Terrence Malick que
Ebert eligió como su título de “propaganda” para 2012, en el mejor sentido de
la palabra: una obra que quería defender para que otros la vieran. Estrenada en 2011, la película
viaja del nacimiento del universo a la memoria de una familia de Texas, de los
dinosaurios a la infancia, de la pérdida a una forma de consuelo que nunca
termina de formularse del todo. Brad
Pitt (ese ENORME actor… que tuvo la desgracia de nacer apolíneo), Jessica Chastain y Sean Penn habitan una obra que puede resultar esquiva, pero que se
sostiene en una ambición muy rara en el cine contemporáneo: preguntar por
la vida entera sin convertir esa pregunta en discurso cerrado.
Dónde verla: alquiler y compra en Rakuten TV
Vértigo
En Vértigo, Alfred Hitchcock llevó el
suspenso a un terreno casi metafísico: la historia de un detective retirado,
una mujer aparentemente poseída por el pasado y una obsesión masculina que
intenta reconstruir lo perdido hasta convertirlo en una falsificación perfecta.
Ebert había cambiado en listas anteriores otra película de Hitchcock por ésta,
después de estudiarlas plano a plano, y terminó concluyendo que Vértigo era
superior incluso dentro de una filmografía casi inabarcable. Su grandeza no
depende sólo del misterio, sino de la manera en que el deseo se vuelve puesta en
escena. Pocos films han mostrado con tanta precisión que mirar también puede
ser una forma de posesión.
Dónde verla: alquiler en Apple TV Store y
compra en Amazon Video y Apple TV Store.
Una nómina a tener en cuenta para enriquecer
nuestra cultura cinematográfica. Pero, sobre todo, para salir de la vida por la
puerta grande.-