Carta abierta a los Hermanos Lumière
EL CINE COMO METÁFORA DE LA ETERNIDAD

Imagen
de La eternidad y un día (1998, Theo Angelopoulos)
“Y
la muerte no tendrá poder”.
Dylan
Thomas
Estimados Luis y Augusto
A punto de cumplirse 130 años de vuestra primera función de cine, la supuesta atracción de feria que creasteis con escasa expectativa de trascendencia ocupa un sitial omnipresente en nuestras vidas.
Su mecánica, pariente de nuestro siquismo, toma prestadas algunas de sus funciones. Podría decirse que la imaginación guioniza, la mirada registra, y la memoria edita. Potestad absoluta, eso último, del público sobre el autor.
Sin ir más lejos, el último filme que vio con su madre quien escribe estas líneas fue La mala educación, de Pedro Almodóvar. La vieja maestra jubilada que resistió sola en una casa seis veces allanada por la dictadura aprovechó a echarse una buena siesta durante la proyección. Pero al salir de la sala no se privó de narrar la película a quien quisiera escucharla, claro que “editada” según consejo de su fragmentario recuerdo.
Lo cierto es
que, a más de un siglo del arribo de vuestra locomotora a
Quiero expresaros que en el Siglo XXI resulta más infundado que nunca vuestro escepticismo ante el futuro del Biógrafo, así como aquel legendario retaceo a vender una cámara tomavistas al ilustre Mago de Montreuil (*)
Para más datos, siguiendo la tendencia que marca la innovación tecnológica (menor tamaño del soporte y mayor capacidad de almacenamiento), las bobinas que guardaban el producto de vuestra inventiva ya no viajan de a docena en pesadas bolsas de lona para transportar trompadas y besos hasta el público devoto.
Casualmente, escaso de tiempo como suelo andar, alguna vez compré a un humilde vendedor callejero TODOS los filmes candidatos al Óscar de aquel año, a poco más de un dólar el DVD. Para mi sorpresa, se veían y escuchaban perfectamente. Para la vuestra, aquel cuentapropista ofrecía su producto a los transeúntes comentando seductoras sinopsis argumentales y haciendo gala de eruditas clasificaciones de género.
Eso no es todo, en alguna oportunidad también cené en un pizza-cinema-bar que, poco mejor acondicionado que vuestro Salón Hindú del Boulevard de Capuchinos, brindaba un ámbito espacioso a numerosas familias y parejas de enamorados afectas al fast food que, alineadas en largas banquetas, enfrentaban bajo la semipenumbra una pantalla desde la que Jack Black bregaba sin suerte por imponer su voz sobre el tintinear de los cubiertos, para seducir a Kate Winslet en una secuencia de El descanso (2006, Nancy Meyers) Como podrán apreciar, no por amigable el soporte digital habrá de sustraernos del barracón de feria - que iguala todos los asombros - para secuestrarnos en la soledad de nuestra habitación ante la fría pantalla de una notebook... cuando no de un teléfono celular.
Hoy más que nunca entonces, cari fratelli, brothers, frères, se confirma aquella temeraria afirmación que publicara en primera plana el diario Le Post al día siguiente de vuestro estreno: “La muerte absoluta ya no es posible”. Efectivamente, muchos vivimos por el cine. Y gracias a él no moriremos.-
(*)
Apelativo del pionero Georges Meliés.
Amigos del Salón Hindú, gracias por el artículo siempre pleno de Cinefilia, referentes que una siempre quiere ver y hasta narraciones personales hermosas, como la de la madre maestra y cinefila, que me hace recordar tambien momentos con la mia, que casi nada del cine contemporáneo le gustaba. Todas le parecian malas películas. Hoy agradezco este refrescante texto, que con tanta pasión, inspiración y disciplina nos regalan cada ocho días. Les saludo desde este helado rinconcito del planeta: Santa Elena- cerca a Medellin-Colombia.
ResponderEliminarHermosas y estimulantes palabras, por siempre agradecidas.-
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