viernes, 9 de enero de 2026

ALGUNOS ANTECEDENTES DEL CINE FANTÁSTICO

EN EL MUNDO HISPANOPARLANTE (Primera entrega)

Ya que a menudo sentimos nostalgia de los inolvidables Martes de Terror en el cine Coliseo Podestá de nuestra ciudad natal, donde pasamos momentos inolvidables en compañía de los monstruos sagrados de la Universal Pictures o sus versiones remozadas en Technicolor por la inefable factoría Hammer Films, así como del ciclo televisivo que cambió para siempre las siestas sabatinas de nuestra generación, Cine de Súper Acción, gracias al cual uno accedía a una verdadera caja de sorpresas que bien podía contener desde un western spaghetti hasta una joyita de Ray Harryhaussen, pasando por aquellos entrañables bodrios nipones en que un intérprete ignoto ataviado con un caluroso disfraz no más digno que el del dinosaurio Barney paseaba su humanidad haciendo estragos a lo largo de una ciudadela de madera terciada… hemos considerado prudente organizar algunas ideas que contribuyan a trascender el mero disfrute para poner en valor algunos méritos indiscutibles de ciertos títulos rodados en nuestra lengua de aquella inolvidable producción.

 

Periodista: _ ¿Qué película suya recomendaría a los críticos?

Cineasta: _ Ninguna. Para que no me retiren el saludo…

Entrevista con Amando de Ossorio, en el documental El Último Templario.-

 

SOBRE LA DEFINICIÓN DE FANTÁSTICO

La teoría de los géneros - clasificación heredada de la biología - le asigna al fantástico no menos de tres sub clasificaciones. A saber: El horror (campo sobre el que discurriera holgadamente Howard Phillips Lovecraft en su breve ensayo “El horror en la literatura”), la ciencia-ficción (ejemplificable recurriendo a los célebres nombres de Verne, Bradbury o Asimov), y el maravilloso (del cual la “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll suele ser un digno exponente) Algunos títulos que consideraremos a continuación se internan en un terreno no tan definido, y bautizado hace algún tiempo por la crítica como bizarro, que estaría en condiciones de agrupar transversalmente expresiones propias de cada una de las clasificaciones antes mencionadas.

 

SOBRE LA DEFINICIÓN DE BIZARRO

Poca claridad aporta al término en cuestión el Diccionario Sopena de la Lengua Castellana, con su definición de “valiente, gallardo, generoso”. Obviamente, aquí se trata de una acepción más vulgar, y atribuida más bien a “lo extraño”. Desde hace algunos años las nuevas generaciones vienen utilizando el término para agrupar en él a un cierto pastiche de manifestaciones prácticamente inclasificables.

Si el denominador común que se les ha venido atribuyendo es el de cierto tratamiento freak o anárquico, que - en el caso del cine - encontraría a uno de sus más altos exponentes en el realizador norteamericano Ed Wood (para muchos, considerado como el peor director de cine de la historia), ha llegado el momento de señalar ciertas diferencias.

En rigor de verdad, nunca nos satisfizo plenamente tal categorización, ya que - acaso con un criterio algo pasado de moda - venimos considerando que hay buen y mal cine, en todos los géneros. Y nos parece una clasificación algo antojadiza aquella que pretenda agrupar expresiones tan variopintas como el erotismo de vuelo bajo o el terror mediocre bajo un denominador común cuyos puntos de contacto - más allá de la existencia de algunas obras entrañables - no parecerían ser otros que la escasez de recursos materiales, la impericia técnica, o la falta de imaginación, condiciones  distantes de ser reunidas para dar a luz un nuevo género. No obstante, como el término en cuestión parece haberse impuesto sin mayores resistencias al menos en ciertos círculos mayoritariamente juveniles, allá vamos pues, con todo respeto por las obras a citar.

 

EL CINE FANTÁSTICO HISPANO DE LOS 60 y 70s:

CONTEXTO Y EMERGENTES DESTACABLES

Aquí se pretende poner el foco de atención en el período histórico consignado  arriba, y en tres enclaves específicos del mundo hispanoparlante, seleccionados considerando el impacto internacional de sus respectivas industrias culturales, con eje en la audiovisual: España, Méjico, y Argentina.

Aunque no constituya el principal factor de interés para potenciales lectores de esta nota, recordaremos que el mundo bipolar de entonces era el de la llamada Guerra Fría, y había sido diseñado en Yalta después de la última gran contienda bélica. En tal circunstancia, los tres países citados padecían algún tipo de censura, más estricta en España y Argentina (bajo el imperio del falangismo o las sucesivas dictaduras que azotaron nuestro país), y más morigerada en Méjico.

En el primero de los casos, y tal como lo refieren especialistas calificados en la materia como Narciso Ibañez Serrador, a partir de 1961, a instancias de Jesús Franco (con su Profesor Orloff), Paul Naschy (con su hombre lobo Valdemar Daninski) y el impagable Amando de Ossorio (con su tetralogía de Los Templarios) la cinematografía ibérica encuentra a través del cine fantástico un resquicio en materia de erotismo y violencia mediante el cual burlar algunas de las estrictas restricciones impuestas por el franquismo.

Como si fueran ingredientes imprescindibles del género, los jóvenes españoles de entonces acceden a sus primeros desnudos parciales y a las primeras imágenes gore (degollaciones, decapitaciones, mutilaciones) de la mano de estas producciones de clase B que no tardarán en hallar un nicho de mercado internacional específico, hasta convertirse algunas en verdaderos productos de culto merced a su impronta innovadora y trasgresora de los límites fijados por su bajísimo presupuesto, así como por calendarios de rodaje que a veces no se excedían de una a cinco semanas.

Como es sabido, Méjico es uno de los países de Nuestra América donde la conquista hispánica se enfrentó a un mayor grado de resistencia cultural, lo que hace que a la fecha se conserven tradiciones más sólidas que en otros enclaves más cosmopolitas del continente, como ocurre al menos en la capital de nuestro país.

El antiguo apego a las contiendas de lucha libre, por ejemplo, llevó del ring a la pantalla grande a un ídolo de multitudes como Santo, El Enmascarado de Plata, que - aun post mortem - goza de la condición de mito indiscutido de las grandes mayorías aztecas. Rodolfo Guzmán Huerta (23 de septiembre de 1917 - 5 de febrero de 1984), tal su verdadero nombre, fue luchador y actor. Una verdadera leyenda de la lucha libre mexicana, quizá el más famoso de los luchadores en Latinoamérica. Su carrera en la lucha libre duró casi cuatro décadas, durante las cuales se convirtió en un héroe popular y un símbolo de la justicia para el hombre común ya que su personaje trascendió el ámbito de la lucha libre y se transformó en una especie de súper héroe al protagonizar historietas y películas, de hecho su popularidad y el mito provienen en gran medida de estos últimos medios y no de la lucha libre.

Dando una vuelta de tuerca al lugar común de los súper héroes norteamericanos, consistente en tener una doble identidad (de ciudadano común en la vida cotidiana y héroe en situaciones extremas), Santo siempre es uno y él mismo, en el ring y en la vida diaria, permanentemente enmascarado. Muchos de sus filmes comienzan y terminan en el cuadrilátero, ofreciendo alguna de sus lidias completa, y casi siempre rematan con la frase de algún personaje que, mientras el héroe se aleja de Cuba, Colombia, o Ecuador (algunos de los países que co produjeron su más de medio centenar de largometrajes) en avión rumbo a su Patria, recuerda que se trata de “un justiciero sin fronteras que debe preservar su identidad para moverse con libertad en su cruzada inclaudicable contra las fuerzas del mal”, eufemismo este de un enemigo que generalmente va de la mafia a los mitos tradicionales del horror como Drácula, Frankenstein, o el Hombre-Lobo (cabe destacar aquí la semejanza misional con otros héroes mediáticos que contemporáneamente han gozado de un enorme cariño popular, como ocurriera con El Capitán Piluso, encarnado en la TV, el cine y las historietas locales por el irreemplazable humorista argentino Alberto Olmedo)

Muchas de las hazañas del enmascarado azteca se verán secundadas por algún compañero en los avatares de la lucha libre, como Blue Demon, y habrá de exhibir en su transcurso grandes dotes de innovador tecnológico (cualidad que a veces remite a la bati-cueva del hombre-murciélago) Al igual que otras mitologías populares de nuestro continente - como la literatura de cordel del nordeste brasileño - han llegado a confrontar a ídolos como Roberto Carlos con el propio Lucifer, Santo no se cuestiona jamás porqué al cabo de una extenuante contienda le toca abandonar el estadio para hacer horas extras intentando frenar, por ejemplo, la venganza de una momia o una invasión extraterrestre. Esa es, al fin y al cabo, la lógica que lo ha hecho inmortal.

El período que estamos revisando encontró al cine nacional sin una gran tradición en el género fantástico (tal vez intentos aislados, como “El extraño caso del hombre y la bestia” de Mario Sóffici, “Obras Maestras del Terror” de Enrique Carreras, o “Invasión” de Hugo Santiago, por citar un puñado de ejemplos) En la segunda mitad de la década del 60 se destacó, sin embargo, la significativamente audaz apuesta de un realizador afecto a cultivar temáticas de lo más diversas: Emilio Vieyra. Criticado por algunos especialistas en virtud de profesar una ideología condescendiente con los gobiernos de facto, realizó un puñado de filmes que recién hoy se pueden ver completos, comprobando que contenían un erotismo explícito (desde desnudos totales masculinos y femeninos a masturbaciones con vibrador, pasando por actos de lesbianismo concretados sin el menor disimulo) al que por entonces no se atrevían ni las más calificadas películas del primer mundo. Obviamente, por entonces dichas escenas jamás pasaron por las pupilas  adolescentes que despertaban al sexo consumiendo revistas porno soft de contrabando en las cuales se borraba fotográficamente el pubis de las damas… como si fueran enteramente lisas. Títulos como "Extraña Invasión", "Placer sangriento", "La Venganza del Sexo", "La Bestia Desnuda" y "Sangre de Vírgenes" explican el gusto de Vieyra por el terror, el misterio y la ciencia-ficción, que el director combinó con elementos de una imaginación infrecuente, que a la larga ha contribuido a convertir a estas películas en obras de culto, tanto en la Argentina como en los Estados Unidos y Europa, donde varias de ellas son comercializadas en video y emitidas por TV.-

Continuará…

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