Mariana
Enríquez
CUANDO LA
FUENTE DEL HORROR
ES LA ARGENTINA DE TODOS LOS DÍAS
"Primero es el
miedo,
después el odio,
y luego el fascismo".
Ema a su hija
en la mini serie "Mis muertos tristes".
Algunos fans la conocimos a través de sus cuentos, conferencias y entrevistas, o bien comprando y regalando en numerosas ocasiones la adaptación al cómic de cuatro de sus relatos (“Bajo el agua negra”, "El chico sucio", "Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo" y "El patio del vecino") tomados de la antología “Las cosas que perdimos en el fuego”, por parte del dibujante, ilustrador, historietista y director de cine de animación Lucas Nine, publicada por el sello Salamandra Graphic.
Más tarde disfrutamos de la inquietante adaptación al cine de otros dos relatos suyos (“El carrito” y “La virgen de la tosquera”) reunidos en la selección titulada “Los peligros de fumar en la cama”, dirigida por la ascendente directora Laura Casabé bajo el nombre del segundo relato, film también analizado en este portal y ahora seleccionado por la Academia local como nuestro candidato al Óscar 2026.
Pues acaba de dejarnos demudados el estreno en Netflix de los estremecedores cuatro capítulos de la mini serie “Mis muertos tristes” (nueva fusión de relatos contenidos en el libro “Un lugar soleado para gente oscura”) a cargo del talentoso realizador chileno Pablo Larraín, cuyo resultado refleja como ningún otro género hubiera podido describirlo ese magma subterráneo que el sociólogo Pablo Semán denomina mileísmo social.
Cabe destacar aquí que la protagonista - una brillante Mercedes Morán - ya había trabajado con Larraín en su film “Neruda” (2016), tanto como que dicho cineasta contaba con una incursión en el realismo mágico a través de su originalísima fábula gótico conosureña titulada “El Conde” (2023), que presenta al tirano Pinochet como a un vampiro.
Secundan a Morán grandes performances dramáticas de la versátil Alejandra Flechner como una hermana negadora que huyó de un país que la avergüenza junto con su marido, acomodaticio personaje conmovedoramente interpretado por Carlos Portaluppi, y el mejor secundario nunca reconocido del cine argentino: Germán Da Silva.
Habría que decir que, así como Adolfo Bioy Casares desde la literatura, Héctor Germán Oesterheld desde el cómic, o Gustavo Mosquera R. desde el cine ensayaron un fantástico argento, la narrativa de Mariana Enríquez suele encontrar al terror en la cotidianeidad de nuestro sórdido conurbano profundo.
En la imperdible serie que acabamos de mencionar, el entorno escogido es el violento Barrio Piedrabuena, complejo habitacional ubicado en Villa Lugano, al sudoeste de la Ciudad de Buenos Aires, muchxs de cuyxs habitantes reales animan a los personajes secundarios.
A riesgo de sonar redundantes, no deberíamos pasar por alto aquí que el mismísimo Stephen King recomendó impactado la saga en cuestión, motivando que su autora declarara “por fin me da bola”.
No estaría de más a esta altura recordar que el prolífico escritor de Maine alguna vez reunió en una nómina bautizada “Los 10 ositos del terror” (en homenaje a Joseph Stefano, productor de la legendaria serie estadounidense de TV titulada “Rumbo a lo desconocido”, quien reclamaba a sus guionistas un “osito” por capítulo, en alusión a ese terror elemental que en nuestra latitud llamaríamos el “cuco”) Se trata de los puntos de presión fóbica o miedos básicos que, según King existen en la mente humana y se utilizan - de a uno o combinados - para construir historias de suspenso y terror. Ellos son:
1. Miedo a
la oscuridad.
2. Miedo a
las cosas gelatinosas.
3. Miedo a
las deformidades físicas.
4. Miedo a
las serpientes.
5. Miedo a
las ratas.
6. Miedo a
los lugares cerrados (claustrofobia)
7. Miedo a
los insectos,
especialmente arañas y cucarachas.
8. Miedo a
la muerte.
9. Miedo a
los otros
(paranoia o desconfianza hacia los desconocidos)
10. Miedo por los otros (el terror de que le pase algo malo a un ser querido)
Aunque en la serie de marras nuestro crédito local en la materia abreve al menos en el primero, el tercero, el cuarto, el octavo, noveno y décimo de esos tips, ella adapta o detecta algunos netamente inherentes a nuestra latitud geocultural, como el “gatillo fácil” policial, la vendetta mafiosa del narco, la justicia por mano propia a cargo de un vecindario intimidado por la delincuencia, o la amenazante defensa de una supuesta “normalidad” por parte de la hermana de la protagonista, justamente madre de una hija que no solo jamás encajó en tales parámetros (Carolina Álvarez, GRAN hallazgo de casting) sino que desde pequeña cuenta con el singular don de solazarse sexualmente de un modo nunca representado antes en el género (que no habremos de spoilear), quien se encargará de que la trama evolucione del quejido agónico al suspiro orgásmico.
Al fin y al cabo, estamos hablando de una producción cargada de subtextos tan provocadores como contemporáneos.
Última Línea: No sería propio de espectadores
inteligentes pasar por alto una
producción de altísmo nivel, que refleja mejor que los noticieros el
desesperante presente de incontables compatriotas.-

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