DOSSIERS
EN
EL SIGLO XXI LAS PANTALLAS
CONTINÚAN EN DEUDA CON LOVECRAFT
“Muchas personas han intentado llevar los relatos del visionario
escritor a la pantalla de cine. Sólo unas pocas han estado cerca de conseguirlo”.
Will Murray,
en artículo “H. P. Lovecraft. El inadaptable”,
edición española de Revista Fangoria N° 5
Howard
Phillips Lovecraft, el ya mítico creador del relato de horror cósmico, vio la
luz en 1890 en la ciudad estadounidense de Providence, adonde también falleció
en 1937. Pese a que en algún momento de su vida se supone que tuvo alguna
ocupación laboral, lo único que se conoce es que sus ingresos económicos se
limitaron a la venta de sus relatos a las revistas pulp de la
época - sobre todo a Weird Tales -, a las que detestaba, y a su trabajo
como escritor fantasma de otros autores y alguna autora o incluso de
personalidades reconocidas, tal el caso del relato Bajo las pirámides (Under
the Pyramids, 1924) que escribió para que fuera firmado por Harry
Houdini. El famoso escapista también le encargó un texto que permanecería
inédito, El cáncer de la superstición (Cancer of Superstition,
1926), en el que se reflejaba el rechazo que ambos sentían por las supercherías
espiritistas. Algo que Lovecraft también haría extensivo al mundo de la
literatura: despreciaba los relatos que recurrían a tales fantasmagorías como
temática o ambientación terrorífica. Además de Houdini, mantuvo correspondencia
con multitud de otros autores a los que recomendaba soluciones compositivas
para sus cuentos, repartía consejos o intercambiaba opiniones de todo tipo,
conformando lo que se ha dado en llamar el Círculo de Lovecraft, merced a la importante
influencia que ejerció sobre todos ellos y a la admiración que le profesaban.
El volumen de ese epistolario es realmente descomunal.
Autor de multitud de artículos y ensayos, en
el mundo de la literatura nunca abandonó el género de terror, con alguna eventual
desviación hacia la ciencia ficción, un género que no respetaba, escribiendo
gran cantidad de relatos. Abandonó tal actividad hacia el final de su vida ante
la falta de éxito. Aquel oscuro morador de Providence concebía la creación
literaria como un arte, y como tal odiaba el mercantilismo y el adaptarse a las
exigencias de las revistas que le publicaban. Los recortes que Weird Tales impuso
a su extenso relato En las montañas de la locura (At the Mountains
of Madness, 1936) supusieron tal vez el momento más doloroso para él como
escritor y lo que lo condujo a abandonar casi por completo su pasión como
autor. Controvertido ideológicamente, de estilo literario deliberadamente arcaico,
amante de los tiempos pasados, pero a la vez gran seguidor de los avances
científicos de su época, Lovecraft ha devenido una figura casi legendaria. La
recuperación de sus relatos en la editorial Arkham House por parte de su
albaceas, August Derleth, el éxito literario de algunos de sus
seguidores y, sobre todo, la influencia en todos los ámbitos de la cultura
popular de su obra gracias al cine, a la música, al juego de rol La
llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu, 1981) de Sandy Petersen,
a los videojuegos y a los juegos de mesa, lo han dotado de una popularidad que
no solo jamás hubiera soñado en vida, sino que con toda seguridad habría
odiado.
Su legado consiste en una absoluta revolución
temática del cuento de terror, mediante elementos que casi nos resultan ya
cotidianos pero que hasta que él los
propuso no se convirtieron en realidad: horrores ancestrales agazapados en la
oscuridad y el sueño esperando una alineación de planetas propicia para devolverlos
a la vida, logias siniestras que declaman en lo más profundo de los bosques y
las ciénagas por el retorno de dioses primigenios, antihéroes doblegados por el conocimiento de verdades
que deberían permanecer ocultas para salvaguardar nuestra salud mental y
descripciones intensas y arrebatadas de criaturas imposibles y planos de la
realidad inimaginables, sin embargo descriptos con todo lujo de detalles. Y su séquito
de deidades y criaturas monstruosas, con el gran Cthulhu a la cabeza, que han
conformado lo que de manera posterior se ha denominado el corpus de los Mitos
de Cthulhu, inorgánico panteón que sus seguidores se encargarían de sistematizar.
Sus mejores relatos siguen estremeciendo como pocos pueden hacerlo, y aún permiten
experimentar la inquietud de nuestra pequeñez como humanidad ante los horrores
que nos asedian, o esperan para hacerlo, al leerlos. Solo hay oscuridad ahí
afuera y lo mejor para nosotros es permanecer ciegos e ignorantes ante esa
verdad.
Su canónico relato La llamada de Cthulhu (The
Call of Cthulhu) fue publicado por primera vez en la revista Weird
Tales en 1928. El texto se abre con toda una declaración de
principios, quintaesencia de lo que era el verdadero horror para Lovecraft,
aquello que domina y guía sus mejores relatos:
“Lo más piadoso
del mundo, creo, es la incapacidad de la mente humana para relacionar todos sus
contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de negros mares
de infinitud, y no estamos hechos para emprender largos viajes. Las ciencias,
esforzándose cada una en su propia dirección, nos han causado hasta ahora poco
daño; pero algún día el ensamblaje de todos los conocimientos disociados abrirá
tan terribles perspectivas de la realidad y de nuestra espantosa situación en
ella, que o bien enloqueceremos ante tal revelación, o bien huiremos de esa luz
mortal y buscaremos la paz y la seguridad en una nueva era de tinieblas”.
Esa visión
pesimista de la humanidad y un concepto de lo fantástico ligado al conocimiento
científico componen lo que algunos estudiosos de esta obra definen como horror
materialista.
Para Lovecraft, el horror no deviene de
sucesos paranormales ni apariciones fantasmales: es el puro conocimiento
científico el que nos abrirá las puertas del terror más absoluto, pues el saber
nos develará una realidad tan insoportable que nos volverá locos. Solo podremos
huir si desistimos de querer conocerla. Una realidad que en este autor está
conformada por criaturas ancestrales que una vez dominaron la Tierra y esperan
pacientes volver a ella para sembrar el caos y destruir la civilización. Dioses
y criaturas primigenias de poder inconcebible y formas pesadillescas que
tornarán en un infierno nuestro planeta.
En la desesperada narrativa lovecraftiana
solo dos finales son ya posibles: la muerte o la locura. Porque el retorno a
nuestro innato estado de ignorancia es ahora pasto de los sueños. Esta obra
originó todo un universo terrorífico imitado infinidad de veces, pero en escasas
ocasiones emulado.
Y es su riguroso apego a lo ominoso
indescriptible lo que impone a quienes intentan trasladar ese mundo y sus
criaturas a la pantalla el desafío de resistir a la tentación de mostrar
aquello que solo debería susurrar fuera de campo.
Aunque existe un historial interesante de
películas inspiradas en los relatos del autor, por ejemplo: The Dunwich Horror (1970, Daniell
Haller), o Re-Animator
(1985, Stuart Gordon) entre otras, a continuación,
mencionaremos unos pocos casos relativamente recientes y dignos de mayor
consideración:
Dagón. La secta del mar (2001)
Con todos sus defectos, con todas sus
insuficiencias, la sorpresa que genera esta realización de la ibérica - y
lamentablemente desaparecida - productora Fantastic Factory, consiste en encontrarnos tal vez ante la mejor y más
digna adaptación cinematográfica de una historia lovecraftiana. Es decir,
no se trata de un producto que ostente el nombre del irrepetible escritor para
contar algo ajeno a su obra, como por ejemplo ocurre en El palacio embrujado (1963) - re adaptado al presente
en 1991 con mayor fidelidad al original por Dan O’Bannon en El
Resucitado -, donde Roger Corman hacer un mix con Poe más cercano al autor de La
caída de la casa Usher que al creador de Cthulhu, o de Shuttered room (1967,
David Greene), cuya distancia con HPL es todavía más sideral, por mucho
que la acción transcurra en un supuesto Dunwich. Tampoco plantea una historia
original a través de la cual, y entre otros propósitos, se dé cobertura a
genuinos elementos lovecraftianos, como hizo John Carpenter con la muy
estimable En la boca del miedo (1994) Por el contrario, la
película en cuestión resulta sumamente fiel a Lovecraft, aunque se tome el
atrevimiento de trasladar el escenario de Nueva Inglaterra a un pueblecito
perdido en la costa gallega sin que el cambio desvirtúe para nada la atmósfera
original. Eso sí, pese al título propuesto, el relato adaptado no es el
modesto Dagón, uno de los primeros textos suyos que
vieran la luz en 1919 (si bien se escribió dos años atrás), sino el
genial La sombra sobre Innsmouth, una de las cimas del escritor.
Escrito a finales de 1931, publicado en una
modesta edición en forma de libro en 1936 (de las pocas que Lovecraft vio en
ese formato, el más propio de todo escritor) y finalmente acogido,
póstumamente, en las páginas de la ya citada revista Weird Tales (enero de 1942), pero de forma
abreviada, La sombra sobre Innsmouth es hoy reconocido por todxs
lxs incondicionales del autor como uno de sus mejores relatos. Su fascinante
trama versa sobre un joven de Arkham que celebra su mayoría de edad recorriendo
diversas localidades de Nueva Inglaterra y llega al pueblo del título, un lugar
que parece presa de una deletérea decadencia, remarcada por el extraño aspecto
y la conducta huidiza de sus habitantes. Después de recorrer sus solitarias
calles, el muchacho se tropieza con el borracho del pueblo, que le cuenta una
historia sobre el secreto que dicho paraje guarda, lo que bien puede parecer un
delirio etílico: ahora bien, no tardará en descubrir que esa revelación lo va a
convertir en el objeto de una implacable cacería a lo largo de toda una
angustiosa noche por parte de los habitantes de Innsmouth, en el curso de la
cual descubrirá que todo es verdad.
Dagón, la secta del mar fue la tercera
producción del sello cinematográfico Fantastic Factory,
creado en 1999 por el acuerdo entre Julio Fernández,
nuevo presidente de la productora catalana Filmax, y el estadounidense Brian Yuzna, todo un experto en cine Clase B. El sello
fue clausurado en 2007, después de haber dado a luz nueve películas.
El proyecto fue confiado, acaso por su
filiación lovecraftiana, a un director del estilo de Yuzna, el
estadounidense Stuart Gordon, que tiempo atrás
había conseguido un considerable éxito entre cultores del género con su adaptación
del relato de HPL Herbert West, reanimador.
El guion firmado por Dennis Paoli (cómplice de Gordon en anteriores
films lovecraftianos como Re-Sonator, de 1986) eligió
para llevarse a la pantalla al pueblo de Combarro, en la provincia de
Pontevedra.
La película se ve favorecida por el
considerable acierto atmosférico de hacer que el agua y la humedad (tan
importantes en la historia, desde su mismo origen literario) se encuentren de
modo omnipresente en todo su desarrollo, tanto en el exterior como en los
interiores (donde resulta igualmente imposible no estar perpetuamente mojado:
goteras, interiores inundados…)
Marcado por el repulsivo olor a pescado (una de
las fobias del propio HPL) que inunda las calles de la ciudad y parece
escaparse de las mismas páginas, con algunos de los momentos de mayor tensión y
suspense de todo el género de terror, La sombra sobre Innsmouth contiene
la quintaesencia del espanto del escritor por la melange racial que
tanto le afectó y que, en buena medida, vertió en sus cuentos sobre esos
espantosos e incomprensibles seres anfibios, de tal modo que acaba suponiendo
una de las mejores manifestaciones de ese sentido de la otredad en que basó la naturaleza de su terror. Para
quien se incomode al advertir el indudable racismo del escritor, téngase en
cuenta que la vuelta de tuerca final no hace sino plantear, con admirable y
malsana lucidez que, por encima de nuestra aparente pureza exterior, la monstruosidad anida en
todos nosotros.
La película respeta este planteamiento. Seguramente
era imposible equilibrar la fascinante tensión del original con los
condicionantes del tipo de producción que lo albergaba, sin embargo, aun así,
se trata de una película digna y estimable, desde luego interesante de
principio a fin, que no fracasa ni mucho menos en su propósito de ofrecer en
cine, por fin, una traducción mínimamente creativa del mundo de Howard Phillips
Lovecraft. Solo por eso, merece todo el respeto y un sitial decoroso en la
memoria del público afecto a este tipo de historias.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=vDv5VhJ_S54
La llamada de C’thulhu (2005)
The H. P.
Lovecraft Historical Society es una asociación de seguidores o fans del
escritor que difunden y disfrutan de su obra por medio de la realización de
audiolibros, programas de radio, publicaciones y proyectos musicales y
audiovisuales. En el año 2005 lanzaron una película concebida por su deseo de
reconstruir en imágenes una historia de Lovecraft. Pero lo hicieron de una
manera especial, fruto de una genial idea: imaginando que nuestro autor hubiera
gozado de un gran éxito e inmediatamente de publicado su cuento The
Call of Cthulhu se hubiera rodado la película. Así, su versión tendría
el aspecto de un filme realizado a finales de los años 20: mudo y en blanco y
negro
Esta
película sigue fielmente en casi todo su desarrollo el texto del relato que le
da nombre. Y como este, se estructura en base a flashbacks dentro de flashbacks
componiendo una espiral de descenso al horror que nada tiene que envidiar a la
historia original. Algo nada sencillo pues el relato es coral, el protagonismo
pasa de un personaje a otro apenas sin transiciones y podría haber resultado
confuso o provocar la caída de la atención si el guion no hubiera apuntalado
con firmeza cada punto de interés o los giros a los que la trama somete al
espectador, a las vueltas que nos encaminan, casi a ciegas, hasta la gran
revelación final. El aspecto fragmentario de la narración se mantiene sin que
esto rompa el filme a cada cambio. Actores profusamente maquillados,
gesticulantes en su justa medida pues a finales de los 20 las actuaciones ya
daban paso también a los pequeños gestos faciales y las miradas, huyendo del
exceso visual expresionista que, si bien presente, ya no era una estética
preponderante, y un montaje trepidante donde tal vez el filme se delata
producto ya del siglo XXI. Brillante en su conjunto, se acerca por momentos al
aspecto de una modesta pero entrañable cinta de Serie B. Es notable
comprobar también cómo el equipo técnico casi en su totalidad tomará parte del
artístico componiendo papeles secundarios, figurantes o repartiéndose múltiples
funciones.
Hay alguna referencia a clásicos del cine
mudo, la más evidente tal vez sea la escenificación de una pesadilla del
protagonista, en la que avanza entre libros de proporciones gigantescas y las
sombras de unas manos atenazan su pecho, tal y como hiciera el vampiro
Nosferatu con la heroína de la mítica obra de F. W. Murnau (Nosferatu,
eine symphonie des grauens, 1922) Pero el director Andrew Leman
sabe evitar el homenaje fácil y La llamada de Cthulhu resulta potente
y atmosférica por sí misma. La secuencia en los pantanos, con el grupo descubriendo
horrorizado a los sectarios practicando el ritual en los más profundos parajes
de Louisiana para atacarlos y detenerlos a continuación, resulta vibrante y
terrible, los rostros desencajados de los policías enfrentándose a una escena
dantesca con esa niebla que parece ascender desde el mismo infierno
enroscándose en sus miembros y nublando su visión. Las luces de las linternas
entre los árboles, las fogatas lejanas con los enardecidos danzantes alrededor,
la ferocidad de la lucha… Todo compone un cuadro que refleja a la perfección
ese sumidero infecto donde pervive el recuerdo del gran Cthulhu y se responde a
su llamada.
El gran momento culminante del relato, que lo
será también de la película, es la llegada de los marineros a la isla, a la
sumergida R’lyeh ahora alzándose de entre las aguas debido al terremoto. La
imposible representación no euclidiana de la guarida de Cthulhu según Lovecraft
era sin duda uno de los puntos más difíciles de trasladar de la letra a la
imagen. La resolución es, sin embargo, excepcional: actores mostrados en el
mismo plano con una disposición inhumana, donde no existe arriba ni abajo en un
lugar en el cual la arquitectura es fruto de mentes alienígenas, no
comprensible desde perspectivas a las que nuestros ojos, nuestra mirada, nos
han acostumbrado. Planos inclinados en delineaciones delirantes que culminan en
la gran puerta de la oscuridad, allí donde la criatura gigantesca, el gran
Cthulhu, hará su aparición. Y aquí de nuevo otra resolución visual
extraordinaria: apenas llegaremos a entrever al monstruo, solo sombras
arrastrándose sobre otras sombras hasta que un breve plano nos hará entreverlo
como si fuéramos también uno de esos marineros que huyen aterrorizados,
incapaces de asimilar lo que se vislumbra ante ellos.
La película incluso mejora el cuento original
en algunos puntos, en especial aquellos en los que, de manera paradójica, no lo
sigue al pie de la letra. Así evita ese afán del autor por dejar claro que
tanto los asesinos de algunos de los protagonistas como los sectarios son
personas de tez oscura, nativos, gentes del Sur siempre de aspecto simiesco y
conducta animal. Que nadie se escandalice ni se lleve las manos a la cabeza: no
debe resultar sorprendente que, a nuestro amado, pero estirado y algo racista
Lovecraft le aterroricen justo las personas más divertidas, de espíritu abierto
de la tierra. Él era tradicionalista y conservador, pero con una capacidad
visionaria más allá del común de los mortales. La secuencia final, con el
protagonista en el manicomio, un añadido del guion no presente en el cuento, es
sensacional. Resume en su brevedad las sensaciones que deja la lectura de
Lovecraft: locura, desasosiego, el afán por destruir todo lo que se ha
descubierto, el poder de criaturas que esperan agazapadas para dominar el mundo
y repartirse nuestros huesos, porque para cuando llegue este momento ya dispondrán
de nuestras mentes.
De este modo, La llamada de Cthulhu se
viene imponiendo como modelo de adaptación lovecraftiana. Porque nos deja a
solas frente a la desesperación de sabernos en un universo desquiciado, adonde
somos gotas de agua en un océano de desolación.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=3WCr9Iis71k
La Herencia Valdemar (2010)
De un tiempo a esta
parte, España ha producido significativos títulos del género, como Los sin
nombre (1999, Jaume Balagueró) o 30 Monedas (2020, Álex de
la Iglesia) El auge de una temática que tiene su mejor vidriera en el Festival
Internacional de Sitges, ha originado que poco a poco vaya surgiendo un mayor
volumen de títulos - de resultados dispares - y ha estimulado la industria de
la península. Uno de los ejemplos de tal maduración fue el debut del director José
Luis Alemán con La herencia Valdemar.
Inspirada en el
universo del creador de C’thulhu y no en un texto suyo, la obra consiste en un
díptico que desde los créditos de inicio despliega una soberbia dirección
artística, así como una cuidadísima producción dotada de destacables efectos. A
partir de una trama contemporánea, el relato se remontará al siglo XIX en busca
de las pistas que permitan resolver el enigma planteado por la desaparición de
la protagonista.
Con un arranque
potente, al que le sobra algún que otro plano, el director irá pintando un
universo gótico y oscuro, en estrecha consonancia con la estilística de la
Hammer o la del propio Lovecraft, pero que encontrará su apogeo en la segunda
entrega, La Sombra Prohibida (foto que ilustra este bloque)
Vale la pena
destacar un puñado de perlitas de esta saga: La inclusión en la trama del
ocultista británico Aleister Crowley, interpretado por el actor Francisco
Maestre; la del novelista escocés Bram Stocker, encarnado por Lino
Braxe; y una ajustadísima recreación del propio Lovecraft, a cargo del gran
Luis Zahera.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=61QrcSmEtGk
El que susurra en las tinieblas
(2011)
En esta película asistiremos a la historia de
un profesor de la Universidad de Miskatonic que se especializa en estudiar
historias folklóricas de Estados Unidos. Durante una investigación, se
encuentra con que tal vez una de las historias en cuestión podría ser real y no
sólo un mito como se presume, y en tal empeño descubrirá unos frascos conteniendo
los cerebros de las víctimas de los Mi-go, unas de las más populares criaturas
monstruosas imaginadas por Lovecraft.
Esta segunda entrega de la H.P. Lovecraft
Historical Society, dirigida por Sean Branney, también rodada en blanco
y negro y ambientada en los años 30 como su predecesora, nuevamente aspira a
recrear la estética de la época en la que fue escrita la historia. La
ambientación lograda, para ser una película de bajo presupuesto, es perfecta,
tanto por la música, el diseño de producción, los encuadres, los créditos de
inicio, las voces, todo eso converge en una adaptación muy fiel al texto del
escritor de Providence, desde los diálogos hasta los lugares donde se
desarrollan los eventos.
En todo momento se nota que es un proyecto que
se realizó con cuidado y aprecio al material original, muchos han intentado
trasladar los libros de Lovecraft a la pantalla, pero pocos lo han
logrado tan bien como The Whisperer in Darkness.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=A_ee9K9hXtw
Necronomicón. El Libro del Infierno
(2017)
Oportunamente, el
escritor al que intentan adaptar las producciones que venimos revisando, refirió
que solo quedarían cuatro copias en todo el mundo del temible Necronomicón, una
de ellas en la Argentina, lo cual torna verosímil que el mismísimo Jorge
Luis Borges, desde la dirección de la Biblioteca Nacional, haya sido el
encargado de catalogarla.
Basándose en ese
mito, el realizador argentino Marcelo Schapces construyó este film de
terror en el que la disputa entre la luz y la oscuridad se da en pleno barrio porteño
de Recoleta y con un bibliotecario común y corriente (Diego Velázquez)
como principal implicado.
Necronomicón:
El libro del infierno, a la manera de nuestro
guionista de cabecera H. G. Oesterheld, relocaliza lo que Juan
Sasturain denomina “el domicilio de la aventura”, en este caso
lovecraftiana, otorgándole un indisimulable sabor argento.
Ofrece, además, notables
momentos de suspenso y la posibilidad de ver por última vez a Federico Luppi
en la pantalla grande con una pequeña participación como el cuidador del libro,
a quien el bibliotecario deberá suceder.
Su trasfondo
y el material bibliográfico al que recurre, están muy bien
logrados. El diseño
de criaturas, realizado por Salvador Sanz, emula adecuadamente
la mitología lovecraftiana. Pero acaso el mérito mayor de esta obra sea el
diseño de ese Buenos Aires tormentoso y opresivo, semejante a una Gotham City
rioplatense, atormentada por el rumor de los insectos en la noche, que
pareciera susurrar conjuros extraídos del libro que da título al film.
En conclusión, Necronomicon: El libro del infierno es
una película que se sostiene apelando a muy buenas ideas, referencias y conceptos,
aunque no se base en un relato de puño y letra de H.P Lovecraft.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=FpJRWYn3WjI&t=23s
El color que cayó del cielo (2019)
Poco y nada (algún
experimento documental muy, muy modesto) se sabía de Richard Stanley
desde su malograda adaptación al cine de la magistral novela de H. G. Wells
La isla del Dr. Moreau (1996)
En este caso, aborda
una amenaza de ignoto origen, que opera una serie de cambios - sutiles al
principio, graves más adelante - en los habitantes de una granja cercana al
lugar donde ha caído un meteorito que emite una luminiscencia de tonos
indescriptibles. Todo eso está en este film, que privilegia describir los
despliegues visuales del color espacial, sus efectos físicos y la idea de
contagio viral a través del agua, modernísima por cierto en la época de
Lovecraft.
En Color Out of
Space todo está focalizado en esa finca en la que viven un matrimonio (el
imprevisible cuan prolífico Nicolas Cage y Joely Richardson) y
sus tres hijos en relativa armonía. El impacto del meteorito (e imágenes como
la de los testigos hurgando con un palo) es un tópico del fantástico que
también inventó Lovecraft y que fue muy imitado en el cine de género de los
cincuenta, en películas como The Blob (1958, Irvin Yeaworth, Russell S. Doughten) Stanley es muy consciente de ello y aquí se aproxima abrevando en esa inagotable
imaginería.
Pero por encima de
esa influencia icónica está la mucho más profunda y orgánica sombra del
fantástico de los ochenta, hasta el punto de que a veces la película
parece una amalgama insana de referentes del terror y la ciencia-ficción de esa
época. Hay body-horror enloquecido al más puro estilo Brian
Yuzna (en una idea de cuerpos fundidos de una insania muy notable, aunque
completamente ajena a la estética de Lovecraft), y hay algo de los
fantásticos remakes que en esa década se hicieron de los
citados clásicos de los cincuenta, fundamentalmente, Invasores de Marte (1986, Tobe
Hopper) y El terror no tiene forma (1988, Chuck Russell)
Pese a la
ponderación que el filme ha recibido de parte de algunxs exégetas del maestro
de Providence, nosotros consideramos que esta historia - que ya cuenta con un
puñado de adaptaciones a la pantalla - sigue teniendo la mejor en Muere, monstruo
muere (1965, Daniell Haller), estelarizada por el legendario Boris
Karloff.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=2IJquSlTrF4
Lovecraft Country (2020)
Esta serie de género
híbrido y lanzada con bombos y platillos se basa en la novela publicada en 2016
por Matt Ruff. Ambientada en la década de 1950, Lovecraft Country sigue a un veterano del ejército llamado Atticus (interpretado por Jonathan
Majors) mientras emprende una búsqueda para encontrar a su padre
desaparecido (Michael Kenneth Williams) en plena era de segregación racial en el sur de los Estados Unidos.
Al cabo de haber
usufructuado sin pena ni gloria el prestigio de HPL, la cadena HBO declaró "No
avanzaremos con una segunda temporada de Lovecraft Country" (…) “Estamos
agradecidos por la dedicación y el arte del talentoso reparto y equipo, y por
Misha Green, quien creó esta innovadora serie. Y a los fans, gracias por
acompañarnos en este viaje ".
La serie prometió
abrevar en el universo lovecraftiano, de quien su protagonista era fan,
desbarrancando hacia un pastiche absolutamente prescindible que no se salva
mostrando un par de tentáculos, y cuyo único mérito es proponer una aventura de
esa naturaleza protagonizada por héroes de color, lo que - dado su proverbial
supremacismo - Lovecraft hubiera descartado.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=FrsEgQY2QOk
El modelo de Pickman (2022)
Reivindicaremos
por fin como MUY lograda la adaptación de este cuento corto de Lovecraft
incluido en la saga de horror estrenada por la plataforma Netflix bajo el
título de Gabinete de Curiosidades de Guillermo del Toro - que también
ofrece una versión libre bastante poco feliz de Sueños en la casa de la bruja -
y el acertadísimo casting de Crispin Glover interpretando al siniestro
pintor que da nombre a la historia.
La vida de un joven y prometedor artista
plástico va en el camino soñado. Un día a la escuela de arte llega un nuevo y
misterioso pintor. Desde entonces, aquel queda fascinado por sus cuadros. Lo
que no sabe el protagonista y entenderá más tarde es que esos cuadros son la llave
hacia los más oscuros terrores.
El telefilme de Keith Thomas gira
en torno a una vívida pinacoteca que llega a inquietar. La idea fuerza que
motoriza la trama pretende que el arte bien podría ser la llave a otro mundo
oscuro e ingobernable.
Para más datos: https://www.youtube.com/watch?v=x9nDGZAcIo8
Hemos revisado hasta aquí un puñado de
recientes producciones que se han aproximado con suerte desigual a un tesoro
literario sumamente inspirador y que aún conserva grandes sorpresas por brindar
al Séptimo Arte.
A quien le interese profundizar en el autor que
vertebra esta reseña le recomendamos ver el documental Lovecraft: Fear
of the Unknow, en donde encontrará entrevistas con
personalidades como Guillermo del Toro o Neil Gaiman.
He aquí el enlace correspondiente:
https://www.youtube.com/watch?v=sPUYOj24pDg