ALGUNOS
ANTECEDENTES DEL CINE FANTÁSTICO
EN EL MUNDO
HISPANOPARLANTE (Primera entrega)

Ya que a menudo sentimos nostalgia de los
inolvidables Martes de Terror en el cine Coliseo Podestá de nuestra ciudad
natal, donde pasamos momentos inolvidables en compañía de los monstruos
sagrados de la Universal Pictures o sus versiones remozadas en Technicolor por
la inefable factoría Hammer Films, así como del ciclo televisivo que cambió
para siempre las siestas sabatinas de nuestra generación, Cine de Súper Acción,
gracias al cual uno accedía a una verdadera caja de sorpresas que bien podía
contener desde un western spaghetti
hasta una joyita de Ray Harryhaussen, pasando por aquellos entrañables bodrios
nipones en que un intérprete ignoto ataviado con un caluroso disfraz no más
digno que el del dinosaurio Barney paseaba su humanidad haciendo estragos a lo
largo de una ciudadela de madera terciada… hemos considerado prudente organizar
algunas ideas que contribuyan a trascender el mero disfrute para poner en valor
algunos méritos indiscutibles de ciertos títulos rodados en nuestra lengua de
aquella inolvidable producción.
Periodista:
_ ¿Qué película suya recomendaría a los críticos?
Cineasta:
_ Ninguna. Para que no me retiren el saludo…
Entrevista con Amando de Ossorio, en el
documental El Último Templario.-
SOBRE
LA DEFINICIÓN DE FANTÁSTICO
La teoría de los géneros - clasificación
heredada de la biología - le asigna al fantástico no menos de tres sub
clasificaciones. A saber: El horror
(campo sobre el que discurriera holgadamente Howard Phillips Lovecraft en su breve ensayo “El horror en la
literatura”), la ciencia-ficción (ejemplificable recurriendo a los célebres
nombres de Verne, Bradbury o Asimov), y el maravilloso (del cual la “Alicia en el País de las
Maravillas” de Lewis Carroll suele
ser un digno exponente) Algunos títulos que consideraremos a continuación se
internan en un terreno no tan definido, y bautizado hace algún tiempo por la
crítica como bizarro, que estaría en condiciones de agrupar transversalmente
expresiones propias de cada una de las clasificaciones antes mencionadas.
SOBRE
LA DEFINICIÓN DE BIZARRO
Poca claridad aporta al término en cuestión
el Diccionario Sopena de la Lengua Castellana, con su definición de “valiente,
gallardo, generoso”. Obviamente, aquí se trata de una acepción más vulgar, y
atribuida más bien a “lo extraño”. Desde hace algunos años las nuevas
generaciones vienen utilizando el término para agrupar en él a un cierto
pastiche de manifestaciones prácticamente inclasificables.
Si el denominador común que se les ha venido
atribuyendo es el de cierto tratamiento freak
o anárquico, que - en el caso del cine - encontraría a uno de sus más altos
exponentes en el realizador norteamericano Ed
Wood (para muchos, considerado como el peor director de cine de la historia),
ha llegado el momento de señalar ciertas diferencias.
En rigor de verdad, nunca nos satisfizo plenamente
tal categorización, ya que - acaso con un criterio algo pasado de moda - venimos
considerando que hay buen y mal cine, en todos los géneros. Y nos parece una
clasificación algo antojadiza aquella que pretenda agrupar expresiones tan
variopintas como el erotismo de vuelo bajo o el terror mediocre bajo un
denominador común cuyos puntos de contacto - más allá de la existencia de
algunas obras entrañables - no parecerían ser otros que la escasez de recursos
materiales, la impericia técnica, o la falta de imaginación, condiciones distantes de ser reunidas para dar a luz un
nuevo género. No obstante, como el término en cuestión parece haberse impuesto
sin mayores resistencias al menos en ciertos círculos mayoritariamente
juveniles, allá vamos pues, con todo respeto por las obras a citar.
EL CINE
FANTÁSTICO HISPANO DE LOS 60 y 70s:
CONTEXTO
Y EMERGENTES DESTACABLES
Aquí se pretende poner el foco de atención en
el período histórico consignado arriba,
y en tres enclaves específicos del mundo hispanoparlante, seleccionados
considerando el impacto internacional de sus respectivas industrias culturales,
con eje en la audiovisual: España, Méjico, y Argentina.
Aunque no constituya el principal factor de
interés para potenciales lectores de esta nota, recordaremos que el mundo
bipolar de entonces era el de la llamada Guerra Fría, y había sido diseñado en
Yalta después de la última gran contienda bélica. En tal circunstancia, los
tres países citados padecían algún tipo de censura, más estricta en España y
Argentina (bajo el imperio del falangismo o las sucesivas dictaduras que
azotaron nuestro país), y más morigerada en Méjico.
En el primero de los casos, y tal como lo
refieren especialistas calificados en la materia como Narciso Ibañez Serrador, a partir de 1961, a instancias de Jesús Franco (con su Profesor Orloff), Paul Naschy (con su hombre lobo
Valdemar Daninski) y el impagable Amando
de Ossorio (con su tetralogía de Los Templarios) la cinematografía ibérica
encuentra a través del cine fantástico un resquicio en materia de erotismo y
violencia mediante el cual burlar algunas de las estrictas restricciones
impuestas por el franquismo.
Como si fueran ingredientes imprescindibles
del género, los jóvenes españoles de entonces acceden a sus primeros desnudos
parciales y a las primeras imágenes gore (degollaciones, decapitaciones, mutilaciones)
de la mano de estas producciones de clase B que no tardarán en hallar un nicho
de mercado internacional específico, hasta convertirse algunas en verdaderos
productos de culto merced a su impronta innovadora y trasgresora de los límites
fijados por su bajísimo presupuesto, así como por calendarios de rodaje que a
veces no se excedían de una a cinco semanas.
Como es sabido, Méjico es uno de los países
de Nuestra América donde la conquista hispánica se enfrentó a un mayor grado de
resistencia cultural, lo que hace que a la fecha se conserven tradiciones más
sólidas que en otros enclaves más cosmopolitas del continente, como ocurre al
menos en la capital de nuestro país.
El antiguo apego a las contiendas de lucha
libre, por ejemplo, llevó del ring a la pantalla grande a un ídolo de
multitudes como Santo, El Enmascarado de Plata, que - aun post mortem - goza de
la condición de mito indiscutido de las grandes mayorías aztecas. Rodolfo
Guzmán Huerta (23 de septiembre de 1917 - 5 de febrero de 1984), tal su
verdadero nombre, fue luchador y actor. Una verdadera leyenda de la lucha libre
mexicana, quizá el más famoso de los luchadores en Latinoamérica. Su carrera en
la lucha libre duró casi cuatro décadas, durante las cuales se convirtió en un
héroe popular y un símbolo de la justicia para el hombre común ya que su
personaje trascendió el ámbito de la lucha libre y se transformó en una especie
de súper héroe al protagonizar historietas y películas, de hecho su popularidad
y el mito provienen en gran medida de estos últimos medios y no de la lucha
libre.
Dando una vuelta de tuerca al lugar común de
los súper héroes norteamericanos, consistente en tener una doble identidad (de
ciudadano común en la vida cotidiana y héroe en situaciones extremas), Santo
siempre es uno y él mismo, en el ring y en la vida diaria, permanentemente
enmascarado. Muchos de sus filmes comienzan y terminan en el cuadrilátero,
ofreciendo alguna de sus lidias completa, y casi siempre rematan con la frase
de algún personaje que, mientras el héroe se aleja de Cuba, Colombia, o Ecuador
(algunos de los países que co produjeron su más de medio centenar de
largometrajes) en avión rumbo a su Patria, recuerda que se trata de “un
justiciero sin fronteras que debe preservar su identidad para moverse con
libertad en su cruzada inclaudicable contra las fuerzas del mal”, eufemismo
este de un enemigo que generalmente va de la mafia a los mitos tradicionales
del horror como Drácula, Frankenstein, o el Hombre-Lobo (cabe destacar aquí la
semejanza misional con otros héroes mediáticos que contemporáneamente han
gozado de un enorme cariño popular, como ocurriera con El Capitán Piluso,
encarnado en la TV, el cine y las historietas locales por el irreemplazable
humorista argentino Alberto Olmedo)
Muchas de las hazañas del enmascarado azteca se
verán secundadas por algún compañero en los avatares de la lucha libre, como
Blue Demon, y habrá de exhibir en su transcurso grandes dotes de innovador
tecnológico (cualidad que a veces remite a la bati-cueva del hombre-murciélago)
Al igual que otras mitologías populares de nuestro continente - como la
literatura de cordel del nordeste brasileño - han llegado a confrontar a ídolos
como Roberto Carlos con el propio
Lucifer, Santo no se cuestiona jamás porqué al cabo de una extenuante contienda
le toca abandonar el estadio para hacer horas extras intentando frenar, por
ejemplo, la venganza de una momia o una invasión extraterrestre. Esa es, al fin
y al cabo, la lógica que lo ha hecho inmortal.
El período que estamos revisando encontró al
cine nacional sin una gran tradición en el género fantástico (tal vez intentos
aislados, como “El extraño caso del hombre y la
bestia” de Mario Sóffici,
“Obras Maestras del Terror” de Enrique
Carreras, o “Invasión” de Hugo
Santiago, por citar un puñado de ejemplos) En la segunda mitad de la década
del 60 se destacó, sin embargo, la significativamente audaz apuesta de un
realizador afecto a cultivar temáticas de lo más diversas: Emilio Vieyra. Criticado por algunos especialistas en virtud de profesar
una ideología condescendiente con los gobiernos de facto, realizó un puñado de
filmes que recién hoy se pueden ver completos, comprobando que contenían un
erotismo explícito (desde desnudos totales masculinos y femeninos a
masturbaciones con vibrador, pasando por actos de lesbianismo concretados sin
el menor disimulo) al que por entonces no se atrevían ni las más calificadas
películas del primer mundo. Obviamente, por entonces dichas escenas jamás pasaron
por las pupilas adolescentes que
despertaban al sexo consumiendo revistas porno
soft de contrabando en las cuales se borraba fotográficamente el pubis de
las damas… como si fueran enteramente lisas. Títulos como "Extraña Invasión",
"Placer sangriento", "La Venganza del Sexo", "La
Bestia Desnuda" y "Sangre de Vírgenes" explican el gusto de
Vieyra por el terror, el misterio y la ciencia-ficción, que el director combinó
con elementos de una imaginación infrecuente, que a la larga ha contribuido a
convertir a estas películas en obras de culto, tanto en la Argentina como en
los Estados Unidos y Europa, donde varias de ellas son comercializadas en video
y emitidas por TV.-
Continuará…